27 de abril de 2013

Igualdad Salarial



El 22 de febrero es el DíaEuropeo para la Igualdad Salarialentre Hombres y Mujeres; esta fecha conjuntamente con la que se celebra el 8 demarzo, día de la Mujer Trabajadora,son dos buenas ocasiones para que hagamos un repaso a la situación de la mujeren el mercado de trabajo. Comisiones Obreras, al igual que otros años, hemoselaborado un estudio sobre este tema, estudio que pone de manifiesto la tozuda persistencia dela brecha de género entre los y las trabajadores/as. Las desigualdades en las condiciones detrabajo que padecen las mujeres respectode los hombres repercuten claramente en sus retribuciones, la denominada brechasalarial (es decir, la menor retribución que percibimos nosotras por un trabajode igual valor), que en Baleares en el 2010 se sitúo en un 14,7%: el salariomedio entre las mujeres fue en ese año de 19.812€, en comparación con los23.213€ de los hombres. Son numerosos los factores que inciden en esta diferentey discriminada posición de la mujer en el mercado de trabajo. Por una parte,los factores a priori, aquellos quecaracterizan las condiciones de acceso a la actividad laboral y en consecuencia el salario apercibir; mencionar como ejemplo los estereotipos y los roles de género, la pervivencia de la división sexual deltrabajo. Y por otra parte. los factores aposteriori, los cuales tienen que ver con la ubicación determinada de cadatrabajadora en su puesto de trabajo (una diferente valoración de tareasequivalentes, procedimientos de promoción profesional..) Las mujeres en edad de trabajar que, enpromedio cuentan con una mayor formación y cualificación, no eligenvoluntariamente peores condiciones laborales y si las soportan, es consecuenciade prácticas discriminatorias o desiguales. Veamos algún ejemplo: en el año2012 sobre el total de mujeres ocupadas la jornada parcial tiene una incidenciadel 23,6% (en los hombres alcanza el 7,5%); una tasa que, además, se haincrementado en ocho puntos en los dos últimos años, cuando entre los hombresapenas si crece en el mismo período un punto. El 72% de la ocupación parcial esfemenina; de cada 10 nuevas ocupaciones parciales, 7 son destinadas a lasmujeres, un 60% de las cuales “elige” esta jornada porque no ha encontrado unaocupación a tiempo completo. Trabajo atiempo parcial, asociado, como no podía ser de otra forma, a una menorpromoción profesional y a un menor nivel salarial. Otro dato que ahonda en esabrecha de género es la diferente tasa deocupación para población asalariada comprendida entre los 25 a 49 años: si nos fijamosen la variable “hijos menores de 12 años” , la tasa de ocupación de los hombressin hijos es de un 73,73%, y con hijos de 83,68% (un 9,95 más); en el caso delas mujeres la situación es inversa: sin hijos su tasa es de un 67,89% y conhijos alcanza el 66,66%.

El año que acaba de finalizar hasido sin duda el peor desde que se inició la crisis para las mujeres de lasislas: hemos alcanzado una tasa de paro del 24,25% (un 3% de incremento con respecto al 2011); es latasa más elevada de los últimos cinco años y por primera vez supera a la de loshombres. El 92% del nuevo paro es femenino: de cada diez nuevos parados, nueve sonmujeres. Unamos a este dato el perfilfeminizado de las prestaciones de subsidio. Y el paro juvenil, de por si alto,es especialmente escandaloso en el caso de las mujeres: 52,4% (en los hombresdel 45,3%).

Indudablemente, a la vista deestos datos, nos empujan de forma acelerada hacia una mayor precariedad. Por siello no fuera poco, el constate goteo de recortes penaliza la igualdad entehombres y mujeres: la supresión de planes de educación infantil, la eliminaciónde gran parte de servicios escolares (transporte escolar, comedor,..), eldesmantelamiento de la ley de dependencia, ,… tienen como una de susconsecuencias que las mujeres carguemos todavía más con el peso del cuidadofamiliar. Y no nos olvidemos del tijeretazo en las políticas de prevención ylucha contra el maltrato. La igualdad desde luego no destaca como prioridad porparte del gobierno de Rajoy y de Bauzà.

La limitación o desaparición dela intervención pública en estos y otros ámbitos, supone directamente unaperdida de eficacia, y por tanto una perdida de bienestar del colectivo de las mujeres. Esto implica unserio retroceso en los logros sociales y económicos conseguidos en el largo yarduo recorrido de décadas y, consecuentemente, un riesgo claro en la pedida decohesión e igualdad social. Pero las mujeres hemos sido capaces de suplir connuestra lucha y tenacidad las carencias de las voluntades políticas. Y en estabatalla debemos apelar y reforzar al colectivo y unir a los hombres. Todos los esfuerzos son pocos y un mínimo horizontecomún puede y debe quedar claro: conocer y reconocer que todo el trabajo de lasmujeres es fundamental para lograr el bienestar cotidiano en nuestra sociedad.Y como mínimo, no olvidar que para que eso sea posible el empleo femenino debedesarrollarse en condiciones de igualdad con sus homólogos masculinos. Porquede otro modo, no parece que el futuro vaya o pueda ser venturoso.

PD: un cariñoso recuerdo a JoséLuis Sampedro, una persona que supo comprender y apoyar como pocos la lucha yrebeldía de las mujeres.


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