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31 de mayo de 2012

“Las chicas no ven la desigualdad hasta que llegan al mercado laboral”


"En chicos y en chicas se escucha con mucha frecuencia la idea de amor romántico"
"Las diferencias entre mujeres y hombres son más sutiles ahora"


En la Red es el simpático dibujo de una chica con gafotas que dice lo que piensa sin remilgos para que las jóvenes tomen conciencia y reflexionen sobre sus relaciones sentimentales con el fin de que estas sean sanas y no se conviertan en el paso previo de la violencia de género. Ianire Estébanez ha participado esta semana en el primer Congreso Nacional de Violencia de Género organizado por la Asociación Clara Campoamor.

Pregunta. “Quien maltrata no es un ogro odioso y peludo al que se ve venir desde lejos del miedo que da”. Dicho por usted en su blog. ¿Quién es la persona que maltrata?

Respuesta. Es algo mucho más personal que un ogro que te encuentras por la calle. La idea que tenemos de la violencia es que es súper agresiva y clara. Te da un puñetazo, y, seguido, surge el comentario de “cómo le dejas que lo haga”. Es el extremo, pero lo que se nos olvida es que un maltratador es una persona a la que quieres y la que te dice que te quiere.

P. Aunque una chica sepa que un tortazo es violencia de género, pero ¿los jóvenes reconocen todas sus manifestaciones?

R. No es fácil verlo, puedes confundir y perdonar, pensar que ha habido un momento en que me ha tratado mal pero luego mira que bien me trata… Esa mezcla es lo que ocurre normalmente, entra en juego el amor, una especie de virus, el amor ciego. Se va confundiendo, poco a poco se va normalizando, dejas de ver cosas que desde fuera sí se ven. Desde el exterior nos parece bastante fácil identificar que un novio es demasiado celoso, dominante, o que se está pasando. Pero cuando estamos dentro, infectadas con ese virus, no. Quizás necesitamos hacer más caso a nuestro entorno.



P. ¿Es habitual esa confusión?

R. En chicos y en chicas se escucha con mucha frecuencia esa idea de amor romántico, frases como “por amor lo tengo que hacer todo”, “ya conseguiré que me empiece a tratar bien”… Hay chicas que se dan cuenta, que dejan una relación porque se dan cuenta de que su yo se está desintegrando y que dicen basta aunque eso suponga perder algunas cosas buenas que sí aporta la relación. En la primera investigación que realizamos, el 25% percibía siempre estas señales, pero el resto tenía dificultades.

P. ¿Cuáles son las señales que no ve el 75% restante?

R. La pérdida de amistades, de aficiones propias, el no poder hacer cosas sin justificarse en todo momento, que él cambie la forma de vestir de ella o que le diga cómo tiene que pensar. O los celos, eso también nos tiene que llamar la atención, porque, aunque pensemos que son buenos, son el detonante de los actos más agresivos y suelen ser uno de los principales argumentos de un asesinato.

P. Las encuestas apuntan a que las generaciones jóvenes reproducen roles sexistas. ¿Observa un retroceso?



R. Venía pasando, pero se está perpetuando. El chico que no esté cortado por el patrón de lo que se considera un tío duro queda relegado, como el sosaina, el pagafantas. Las chicas están entrando en el rol de ser muy femeninas para ser aceptadas. Y entienden que para eso tienen que ser muy sexys y algo sumisas. Al final sí veo una especie de retroceso en los derechos de las chicas. Antes, la gente de mi generación, en la adolescencia no se diferenciaba mucho entre chicos y chicas, ahora sí. Ahora necesitan diferenciarse claramente, es como si estuvieran reforzadas esas posiciones distantes. Eso sí, la masculinidad está muy integrada desde la infancia en los chicos, que toman más la palabra, son más activos. La sumisión de las chicas también se gesta desde la infancia, son más cautas, esperan y se suman a la opinión del resto.

P. Hoy en día, si pregunta a cualquier chica, no se siente la desigualdad.

R. El entorno educativo tapa bastante las desigualdades. Nos van educando como si realmente tuviéramos las mismas oportunidades, pero, cuando llegamos al mercado laboral, nos encontramos con que no se nos valora como a ellos. Las mujeres de otras generaciones eran más conscientes de las desigualdades porque estas eran más claras: no podían abrir una cuenta de banco sin permiso del marido. Ahora no. De primeras lo identificas como un problema que te ha ocurrido como persona, hasta que te das cuenta de que ha pasado a más gente que lo que tiene en común que son mujeres. Hasta entonces no te das cuenta de que no ha sido algo personal porque no valías, sino algo social a lo que no has dado importancia hasta ahora.

P. ¿Son las redes sociales la manera directa de concienciar a la juventud?

R. Es la forma en la que ellos se relacionan. Las utilizan para dar una imagen, en el caso de las chicas, una imagen sexy. Yo creo que hay que utilizarlas para tomar la palabra, porque favorece el empoderamiento. En la red, aunque hay más imágenes femeninas, hay más opiniones masculinas.

En la Red, aunque hay más imágenes femeninas, hay más opiniones masculinas."

Las chicas están entrando en el rol de ser muy femeninas para ser aceptadas"

18 de agosto de 2011

El contrato a tiempo parcial que nadie quiere

Raquel Pascual - Madrid - 09/08/2011
En todos los rebaños hay una oveja negra y en el mercado laboral español ésa es el contrato a tiempo parcial. No importan las reformas legales que se hagan a esta modalidad contractual, o los incentivos que se le apliquen; ni los empresarios ni los trabajadores lo quieren como una primera opción.
En la actualidad, solo el 14,1% de los ocupados tiene uno de estos contratos a tiempo parcial. Y a más de la mitad de este colectivo le gustaría tener jornada completa, según los datos del Instituto Nacional de Estadística (INE).



Después de los casi nulos resultados ofrecidos por la reforma laboral de 2010, el Gobierno quiere dar una nueva vuelta de tuerca a la legislación laboral y le ha tocado al contrato a tiempo parcial.
Dada la gravedad de la situación del mercado laboral español con casi cinco millones de parados (el 21% de su población activa), el Gobierno está negociando con los interlocutores sociales nuevas modificaciones. Pero, según anunció la ministra de Economía, Elena Salgado, el domingo, el Ejecutivo no quiere esperar ahora a llegar a un pacto con patronal y sindicatos y desea aprobar la reforma de estos contratos en el Consejo de Ministros del 19 de agosto, por considerar que ésta podía ser una espita para que los empresarios empiecen a crear empleo.
No es la primera vez que esto se intenta, ya que en los últimos 15 años el contrato a tiempo parcial ha experimentado varias reformas y ha estado bonificado de forma intermitente. Con todo ello, solo se ha conseguido que el porcentaje de utilización de esta modalidad contractual pasara de estar entre el 8%-10% del total de trabajadores al 12%-14% actual.
Propuesta del Gobierno
Las últimas reuniones tripartitas han dejado especialmente mal sabor de boca a los sindicatos, a los que no les gusta nada la reforma de este contrato propuesta por los responsables del Ministerio de Trabajo.
El propio ministro del ramo, Valeriano Gómez, ha insistido en que los contratos a tiempo parcial tengan el 10% de su jornada flexible de forma obligatoria. La distribución de estas horas flexibles quedaría a discreción del empresario, tanto en los días en los que se trabajen, como en la "franja horaria" en la que decida el patrón. Además, el Ejecutivo pretende recortar de siete a tres días el plazo con el que el trabajador debe ser informado de cuándo tiene que ir a realizar su parte de jornada flexible. En la actualidad, este modelo de contrato no tenía ningún porcentaje de jornada a discreción del empleador y sí un volumen de horas complementarias, que se pactaban entre la empresa y el trabajador de forma voluntaria. A cambio de estas modificaciones, el Gobierno propone incentivar a los trabajadores equiparando prácticamente a efectos de horas cotizadas la jornada parcial a la completa. Así, la cotización de cada hora trabajada a tiempo parcial se multiplicará por 1,75 (en la actualidad es por 1,5), con la intención de que esta modalidad no penalice la cuantía de la pensión futura.
CC OO y UGT rechazaron ayer de plano esta propuesta. En primer lugar, creen que la flexibilidad del 5% de la jornada que fija ahora el Estatuto de los Trabajadores tras la reforma de la negociación colectiva es suficiente también para el tiempo parcial. Asimismo, exigen que se mantenga una semana como periodo de preaviso.

A media jornada porque no había otra cosa

El 53% de los trabajadores que tienen un contrato a jornada parcial "no pudieron encontrar un empleo de jornada completa", o lo que es lo mismo, trabajan de esa forma porque no había otra cosa, según figura en la Encuesta de Población Activa (EPA) del segundo trimestre del año. Seguidamente se situó el 18,4% de los asalariados a jornada parcial, que argumentan haber elegido esta modalidad por estar al cuidado de niños, ancianos, discapacitados u otras obligaciones familiares o personales. El 7% lo escogió por estar compatibilizando el empleo con cursos de enseñanza o formación y solo el 9% decidió trabajar a tiempo parcial por no querer una jornada a tiempo completo.
Dicho esto, la radiografía de los que cuentan con uno de estos contratos está claramente feminizada. El 24% de todas las mujeres ocupadas trabaja a jornada parcial frente al 6% de los hombres. Igualmente, su uso se concentra entre los más jóvenes. El 57,7% de los trabajadores de entre 16 y 19 años tiene un contrato a media jornada, lo que se eleva al 70% en el colectivo de mujeres de esta edad. Y uno de cada tres trabajadores de entre 20 y 24 años también cuenta con esta modalidad contractual. Por el contrario, solo el 10% de todos los ocupados de entre 55 y 59 años trabaja a media jornada.
Las empleadas del hogar se llevan la palma, ya que casi la mitad posee jornada parcial, seguidas de los servicios administrativos (el 28,8%) y la hostelería (22,5%).

La cifra

14% es el porcentaje de ocupados con jornada parcial. Pese a su mayor utilización, España queda lejos de la media de uso en la UE, por encima del 26%.