Pertenece a un colectivo de hombres que se reúnen en petit comité, en la intimidad, casi de forma clandestina, para hablar de sentimientos.
Cuántas veces le habrán mirado como a un bicho raro...
-Eso me recuerda cuando era niño… Si tenía que pelearme con un compañero me decían que no llorara, que luchara y aguantara el dolor.
-Y usted no quería pelearse.
-No. No quería que me hicieran daño, pero había otro dolor que no pude identificar hasta que fui mayor, el dolor de ser un niño que, si no mostraba agresividad y rabia, se reían de él, le llamaban blandengue...
-Y maricón, seguro.
-Marica, nenaza… No era lo bastante fuerte, no era lo bastante rápido, no era lo bastante valiente…
-No era lo bastante hombre.
-Yo era muy sentimental: si me emocionaba, lloraba, y si veía el vídeo de Thriller me asustaba y salía corriendo. No era lo que se esperaba de mí. No estaba cómodo, no podía ser libre porque, si era yo, se reían de mí.
-Y no solo los chicos.
-En el instituto me gustaba una chica, pero no me hacía caso. Un día una buena amiga me dijo: «¿Sabes qué te pasa? Que eres demasiado bueno, demasiado tierno. Mira ese, tiene un punto de cabroncete que nos gusta a las mujeres». A los 15 años aquello me impactó. No sé si me entiende.
-Perfectamente .¿Le sorprendió que aquello se lo dijera una mujer?
--Mucho. Yo había descubierto el feminismo a los 10 años. Mi madre me contó que el Día de la Mujer se celebraba el 8 de marzo en memoria de las obreras de una fábrica que murieron abrasadas por pedir mejoras laborales. ¡Era el único de la clase que lo sabía! Aquello me hizo tomar conciencia de la violencia contra las mujeres, de su lucha por lograr cosas como el derecho al voto. Es increíble que haya gente que piense que feminismo y machismo son lo mismo.
-¿Encontró respuestas a su malestar en el feminismo?
-Sí. El feminismo lleva décadas trabajando temas como la inteligencia emocional, que ahora se vende a las empresas e incluso se habla del método Guardiola. ¡Pero si gestionar bien las propias emociones y las del grupo teniendo en cuenta a todo el mundo es lo que hacen las madres! La auténtica revolución es cambiar la vida cotidiana, no la de fuera.
-Un momento... ¿Guardiola aplica valores considerados femeninos?
-Antes de ser entrenador del Bar-ça ya se veía que era una persona que no pasa por encima de los sentimientos de los demás porque aquí mando yo, sino que tiene en cuenta cómo está el otro y sabe que, para hacer cosas en equipo, hay que ponerse de acuerdo. Incluso la valentía, tradicionalmente muy masculina, la lleva de forma feminizada.
-¿Le cuesta hablar de esto con otros hombres?
-Al principio, encontré cierta libertad entre los hombres gays, pero no encajaba por mi orientación sexual y pensaba: «¿Es que no hay hombres heterosexuales que se sientan así?»
-¿Cómo los encontró?
-En Google di con la Asociación de Hombres por la Igualdad de Género de Málaga y ellos me pusieron en contacto con Juanjo Compairé, la única persona afín que conocían en Barcelona. ¡Había otros como yo! A partir de entonces empecé a trabajar la expresión de las emociones con el grupo Homes Igualitaris.
-¿Cómo lo hacen?
-Nos reunimos de forma anónima e informal en Barcelona y Sabadell para hablar desde el plano emocional de lo que nos afecta cada día. Lo hacemos confidencialmente, porque lo que hablamos es muy íntimo.
-Suena casi clandestino.
-Es que no nos entenderían. A veces, cuando hablo de esto con otros hombres les advierto de que se lo tomen como si fuera ciencia ficción.
-Son ustedes tan pocos...
-Cada vez irá a más. Con el cambio de las mujeres, muchos hombres no saben bien qué les pasa, cuál es su lugar. Los hombres tenemos una revolución interna pendiente y precisamente de esto trata el Congreso Iberoamericano de Masculinidades y Equidad (www.cime2011.org) que se hará en Barcelona en octubre.
-¿Qué valores considerados masculinos debe asumir la mujer?
-Jamás me atrevería a decirles a las mujeres lo que deben hacer... ya se les ha dicho demasiadas veces a lo largo de la historia. Solo les pediría paciencia, porque los hombres venimos de donde venimos.
Este blog esta enfocado a hombres y mujeres,para y por la igualdad tanto en el ambito laboral como en la vida personal de cada uno.Mi interes es acercarme a vosotr@s con cada uno de estos articulos.En la medida que me sea posible, publicare,cada noticia que sea por y para la igualdad.Sin vosotr@s me seria imposible cumplir este proposito.Espero vuestra colaboración y que me aporteis de forma desinteresada todas vuestras ideas y comentarios. Con tu participación alcanzaremos la igualdad real.
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17 de septiembre de 2011
7 de septiembre de 2011
«Cuando salgo al escenario, me transformo»
Actriz por un día. Dejará su escenario habitual en una granja de pollos y cerdos para debutar en Fira Tàrrega
Inmersa en una sociedad rural regida por la ley del hereu y la rígida autoridad de los abuelos, Teresa se asomó a Fira Tàrrega como una ventana abierta al mundo. Lo que no podía imaginar esta payesa ganadera que maneja con genio una granja de 35.000 pollos y 800 cerdos es que, a sus 60 años, debutaría con una compañía profesional en su querida Fira, la cita anual con las artes escénicas de calle que se celebra desde 1981 en la capital del Urgell y que mañana abre su 31ª edición.
-¿Está nerviosa?
-¿Yo? ¡No! Eso no quiere decir que mañana no me salga el corazón por la boca cuando salga a escena. Pero en el teatro me transformo y, si fuera necesario, enseñaría el trasero.
-No se atreverá.
-Soy mayor y no debo hacerlo.
-¿Cómo le llegó la propuesta?
-Me llamó el director de la Reial Companyia de Teatre de Catalunya y me dijo que buscaban una mujer de 50 o 60 años para una obra titulada El guía. «Piense que yo soy gordita y bajita», le advertí. Pero, ¡oh culleres!, al cabo de unos días me convocaron con toda la compañía en Tàrrega.
-¿Qué papel interpreta?
-De cleaning lady. ¿Sabe qué es?
-Mujer de la limpieza, ¿no?
-Cuando me dijeron que haría de cleaning lady me chocó muchísimo: no sabía qué era. Ahora lo digo siempre en inglés, que queda más fino.
-¿Había hecho algo de teatro?-Solo en la escuela de monjas, pero siempre me ha gustado este mundo. Uno de los primeros espectáculos que vi en la Fira era de La Cubana. Paraban los coches en la carretera y servían a los conductores lo que les apeteciera. En aquel momento me hubiera ido con ellos... o con Els Comediants. Hace unos años vino Joan Font y le dije: «Ni que viera a George Clooney tendría el corazón tan acelerado como lo tengo contigo». Aún se está riendo ahora.
-No se corta nada.
-Soy una persona exagerada, muy emocional y de impulsos. Tanto si estoy enfadada como eufórica, lo transmito.
-¿Y eso cómo cuadra con la vida rural, tan regular y pautada?-Hago lo que puedo. Mientras vigilo pollos y pincho cerdos pienso y escribo poemas y textos. Son cosas escritas desde el corazón; las hay muy tiernas y otras muy duras. La Fira me ha servido para sacar muchas emociones, y también soy muy dada a las causas sociales. Trabajo en la Associació Alba para personas con discapacidad y, si alguien me pide colaboración yo, patapam, voy para allá.
-¿Hubiera preferido estudiar antes que dedicarse al campo?
-Mi padre murió cuando yo tenía 13 años y se me rompieron todos los esquemas de vida. Mi madre se quedó sola con dos abuelos y dos niños que cuidar. Teníamos una empresa de transporte y a los 18 años ya me puse de chófer del camión. Luego me casé con un payés y tuve que ponerme a trabajar en las granjas. He hecho siempre lo que me tocaba.
-Aunque no coincidiera exactamente con sus deseos.
-Una vez leí una frase de Jeremy Irons: «Nunca he hecho lo que debía, siempre he hecho lo que creía». Estas palabras reflejan profundamente lo que ha sido mi vida: he hecho lo que creía que tenía que hacer.
-La Fira cumple 31 años. ¿Se ha perdido alguna edición?
-Ni una. Me siento muy maternal con la Fira. La he visto crecer, desde que era una fiesta mayor de pueblo con cuatro chumba-chumbas en la calle, hasta que obtuvo trascendencia nacional y prestigio internacional. Los primeros años mi casa parecía el hostal del Brinco: cuando se levantaban los pequeños, se iban a dormir los mayores; había gente en el terrado, en el salón, por todas partes.
-¿Aún la vive tan intensamente?
-Ahora me canso más, pero salimos cada día con una amiga hasta las 4 de la mañana y terminamos totalmente agotadas. Vemos sobre todo espectáculos de calle, que es nuestra esencia. Cuando ves aquellos corros de personas tan atentas o los ríos de gente que van tras una batucada que les guía hacia otro espectáculo... Es para vivirlo. Solo de pensarlo se me saltan las lágrimas.-¿Qué dice su marido de su debut?
-Está contento. Va diciendo en broma a todo el mundo: «Mi mujer es la próxima Florinda Chico». Ha invitado a todos los veterinarios de la comarca a ver la obra.
-Oiga, ¿y si la obra sale de gira?
-Pues iré, lo tengo clarísimo.
-¿Y los pollos?
-Pues lo siento mucho.
Inmersa en una sociedad rural regida por la ley del hereu y la rígida autoridad de los abuelos, Teresa se asomó a Fira Tàrrega como una ventana abierta al mundo. Lo que no podía imaginar esta payesa ganadera que maneja con genio una granja de 35.000 pollos y 800 cerdos es que, a sus 60 años, debutaría con una compañía profesional en su querida Fira, la cita anual con las artes escénicas de calle que se celebra desde 1981 en la capital del Urgell y que mañana abre su 31ª edición.
-¿Está nerviosa?
-¿Yo? ¡No! Eso no quiere decir que mañana no me salga el corazón por la boca cuando salga a escena. Pero en el teatro me transformo y, si fuera necesario, enseñaría el trasero.
-No se atreverá.
-Soy mayor y no debo hacerlo.
-¿Cómo le llegó la propuesta?
-Me llamó el director de la Reial Companyia de Teatre de Catalunya y me dijo que buscaban una mujer de 50 o 60 años para una obra titulada El guía. «Piense que yo soy gordita y bajita», le advertí. Pero, ¡oh culleres!, al cabo de unos días me convocaron con toda la compañía en Tàrrega.
-¿Qué papel interpreta?
-De cleaning lady. ¿Sabe qué es?
-Mujer de la limpieza, ¿no?
-Cuando me dijeron que haría de cleaning lady me chocó muchísimo: no sabía qué era. Ahora lo digo siempre en inglés, que queda más fino.
-¿Había hecho algo de teatro?-Solo en la escuela de monjas, pero siempre me ha gustado este mundo. Uno de los primeros espectáculos que vi en la Fira era de La Cubana. Paraban los coches en la carretera y servían a los conductores lo que les apeteciera. En aquel momento me hubiera ido con ellos... o con Els Comediants. Hace unos años vino Joan Font y le dije: «Ni que viera a George Clooney tendría el corazón tan acelerado como lo tengo contigo». Aún se está riendo ahora.
-No se corta nada.
-Soy una persona exagerada, muy emocional y de impulsos. Tanto si estoy enfadada como eufórica, lo transmito.
-¿Y eso cómo cuadra con la vida rural, tan regular y pautada?-Hago lo que puedo. Mientras vigilo pollos y pincho cerdos pienso y escribo poemas y textos. Son cosas escritas desde el corazón; las hay muy tiernas y otras muy duras. La Fira me ha servido para sacar muchas emociones, y también soy muy dada a las causas sociales. Trabajo en la Associació Alba para personas con discapacidad y, si alguien me pide colaboración yo, patapam, voy para allá.
-¿Hubiera preferido estudiar antes que dedicarse al campo?
-Mi padre murió cuando yo tenía 13 años y se me rompieron todos los esquemas de vida. Mi madre se quedó sola con dos abuelos y dos niños que cuidar. Teníamos una empresa de transporte y a los 18 años ya me puse de chófer del camión. Luego me casé con un payés y tuve que ponerme a trabajar en las granjas. He hecho siempre lo que me tocaba.
-Aunque no coincidiera exactamente con sus deseos.
-Una vez leí una frase de Jeremy Irons: «Nunca he hecho lo que debía, siempre he hecho lo que creía». Estas palabras reflejan profundamente lo que ha sido mi vida: he hecho lo que creía que tenía que hacer.
-La Fira cumple 31 años. ¿Se ha perdido alguna edición?
-Ni una. Me siento muy maternal con la Fira. La he visto crecer, desde que era una fiesta mayor de pueblo con cuatro chumba-chumbas en la calle, hasta que obtuvo trascendencia nacional y prestigio internacional. Los primeros años mi casa parecía el hostal del Brinco: cuando se levantaban los pequeños, se iban a dormir los mayores; había gente en el terrado, en el salón, por todas partes.
-¿Aún la vive tan intensamente?
-Ahora me canso más, pero salimos cada día con una amiga hasta las 4 de la mañana y terminamos totalmente agotadas. Vemos sobre todo espectáculos de calle, que es nuestra esencia. Cuando ves aquellos corros de personas tan atentas o los ríos de gente que van tras una batucada que les guía hacia otro espectáculo... Es para vivirlo. Solo de pensarlo se me saltan las lágrimas.-¿Qué dice su marido de su debut?
-Está contento. Va diciendo en broma a todo el mundo: «Mi mujer es la próxima Florinda Chico». Ha invitado a todos los veterinarios de la comarca a ver la obra.
-Oiga, ¿y si la obra sale de gira?
-Pues iré, lo tengo clarísimo.
-¿Y los pollos?
-Pues lo siento mucho.
6 de septiembre de 2011
Eugènia Alonso: "Me agacho junto a una violada para que me note cerca"
Trabajadora social. Alivia el dolor de familiares de heridos y fallecidos de noche en Urgencias del Clínic.
Pocos trabajos implican atender y resolver tantas cosas imprevistas en tan poco tiempo y con una carga emotiva tan fuerte. Eugènia Alonso.
(Barcelona, 1973) es trabajadora social en Urgencias del Hospital Clínic. Su jornada comienza a las 10 de la noche y acaba a las 8 de la mañana. Es entonces, mientras casi todo el mundo duerme, cuando ella tiene que buscar la identidad de un herido de tráfico indocumentado, avisar a sus familiares para que vengan enseguida, consolar a unos padres que acaban de perder a su hijo...
-Difícil lo de comunicar una muerte.-Sí, porque no sabes cómo van a reaccionar. Un médico es el que da la noticia a los familiares y yo lo acompaño. Les hacemos pasar a un despacho. A veces se desploman en el suelo. Yo me quito los anillos y los pendientes para evitar hacerles daño si los tengo que abrazar para consolarlos o cogerlos si se desploman.
-Y si además hay que proponerles que donen los órganos...-En ese caso es el personal de coordinación de trasplantes quien lo propone. Es una sensación muy rara. Hay que respetar el tiempo lento de los familiares para asumir lo ocurrido y a la vez hay que ir muy rápido para salvar los órganos. Y es muy duro, porque ellos me preguntan: «¿Y usted que haría?» Les contesto que la decisión será acertada sea cual sea.
-Usted también actúa cuando llega el receptor de esos órganos.-Sí. Porque todo va muy rápido. Puede llegar una mujer sola acompañando a su hijo que va a someterse al trasplante. Los dos acaban de venir de Galicia de madrugada y yo tengo que procurar que ella pueda cenar y encuentre un sitio donde dormir.
-¿Alguna sorpresa imprevista?-Una vez llegaron los padres de un chico de 21 años muerto en accidente. Los acompañé a verlo. El padre negaba con la cabeza y pensamos que le costaba admitirlo. Hasta que musitó: «No es mi hijo». Era el cuerpo de otro chico que le había robado la moto. Les pedí disculpas, aunque había sido un error policial. La madre me contestó aliviada: «No importa. Ahora mi hijo está vivo». Ahora, siempre me cercioro bien de la identidad.
-Una situación difícil.-También lo son los casos de violencia doméstica. Y las agresiones sexuales. Siempre traen aquí a las víctimas porque hay un protocolo especial que incluye la intervención del forense. Yo las tranquilizo. A veces me agacho junto a ellas para que me sientan más cerca. O les cojo la mano. Procuro desculpabilizarlas. Y chillan y lloran, porque es muy gordo. Pero con los chicos aún es peor.
-¿Chicos violados?
-Hay menos casos, pero la mayoría no se denuncian. A mí me cuesta más ponerme en su lugar. Ellos se sienten avergonzados porque no se pudieron librar de sus agresores. Una vez vino un joven que paseaba por la Diagonal. Desde un coche le preguntaron por una calle y al acercarse lo subieron a la fuerza.
-Muchas veces logra lo imposible.
-Muchas veces ingresa alguien inconsciente y no sabes quién es. O solo tienes su nombre, pero no los datos de su familia. Y no hay que olvidar que es de noche. Ahora recurro hasta a Facebook para buscar información de sus conocidos y localizarlos. Otras veces llega alguien que habla ucraniano. Y me avisan a mí.
-¡También habla varios idiomas!
-No, qué va. Solo inglés y francés. Pero utilizo el teléfono de Sanitat Respon, desde donde localizan a un intérprete y entonces hacemos una llamada a tres entre el médico, el intérprete y el familiar o el paciente.
-¿Y no se le acumula el trabajo?-Hay veces que tengo una víctima de violación en una planta, un herido por identificar en otra, una familia a la que informar en mi despacho... Por suerte, somos el mejor equipo del mundo. Enfermeras, auxiliares, médicos y administrativos siempre echan una mano. El Clínic es el hospital que tiene más trabajadores sociales. Fuera todos saben que también estamos de noche. Si encuentran a un indocumentado, nos lo traen para que investiguemos.
-¿Cómo eligió un trabajo así?
-Yo estudié dos años de psicología y solo aprobé la parte social. Un día mi abuelo murió aquí en el Clínic. Mi familia todavía recuerda a un señor que les acompañó en todo momento y les ayudó. Era el trabajador social. Me dije que quería ser como él y trabajar en el Clínic. Toqué mil puertas hasta conseguir un stage, nueve meses haciendo prácticas sin cobrar. Ahora aquel señor que tanto me enseñó, y que había ayudado a mi familia, es mi compañero del turno de tarde. Cuando yo entro a las 10 de la noche, él me pasa el relevo.
(Barcelona, 1973) es trabajadora social en Urgencias del Hospital Clínic. Su jornada comienza a las 10 de la noche y acaba a las 8 de la mañana. Es entonces, mientras casi todo el mundo duerme, cuando ella tiene que buscar la identidad de un herido de tráfico indocumentado, avisar a sus familiares para que vengan enseguida, consolar a unos padres que acaban de perder a su hijo...
-Difícil lo de comunicar una muerte.-Sí, porque no sabes cómo van a reaccionar. Un médico es el que da la noticia a los familiares y yo lo acompaño. Les hacemos pasar a un despacho. A veces se desploman en el suelo. Yo me quito los anillos y los pendientes para evitar hacerles daño si los tengo que abrazar para consolarlos o cogerlos si se desploman.
-Y si además hay que proponerles que donen los órganos...-En ese caso es el personal de coordinación de trasplantes quien lo propone. Es una sensación muy rara. Hay que respetar el tiempo lento de los familiares para asumir lo ocurrido y a la vez hay que ir muy rápido para salvar los órganos. Y es muy duro, porque ellos me preguntan: «¿Y usted que haría?» Les contesto que la decisión será acertada sea cual sea.
-Usted también actúa cuando llega el receptor de esos órganos.-Sí. Porque todo va muy rápido. Puede llegar una mujer sola acompañando a su hijo que va a someterse al trasplante. Los dos acaban de venir de Galicia de madrugada y yo tengo que procurar que ella pueda cenar y encuentre un sitio donde dormir.
-¿Alguna sorpresa imprevista?-Una vez llegaron los padres de un chico de 21 años muerto en accidente. Los acompañé a verlo. El padre negaba con la cabeza y pensamos que le costaba admitirlo. Hasta que musitó: «No es mi hijo». Era el cuerpo de otro chico que le había robado la moto. Les pedí disculpas, aunque había sido un error policial. La madre me contestó aliviada: «No importa. Ahora mi hijo está vivo». Ahora, siempre me cercioro bien de la identidad.
-Una situación difícil.-También lo son los casos de violencia doméstica. Y las agresiones sexuales. Siempre traen aquí a las víctimas porque hay un protocolo especial que incluye la intervención del forense. Yo las tranquilizo. A veces me agacho junto a ellas para que me sientan más cerca. O les cojo la mano. Procuro desculpabilizarlas. Y chillan y lloran, porque es muy gordo. Pero con los chicos aún es peor.
-¿Chicos violados?
-Hay menos casos, pero la mayoría no se denuncian. A mí me cuesta más ponerme en su lugar. Ellos se sienten avergonzados porque no se pudieron librar de sus agresores. Una vez vino un joven que paseaba por la Diagonal. Desde un coche le preguntaron por una calle y al acercarse lo subieron a la fuerza.
-Muchas veces logra lo imposible.
-Muchas veces ingresa alguien inconsciente y no sabes quién es. O solo tienes su nombre, pero no los datos de su familia. Y no hay que olvidar que es de noche. Ahora recurro hasta a Facebook para buscar información de sus conocidos y localizarlos. Otras veces llega alguien que habla ucraniano. Y me avisan a mí.
-¡También habla varios idiomas!
-No, qué va. Solo inglés y francés. Pero utilizo el teléfono de Sanitat Respon, desde donde localizan a un intérprete y entonces hacemos una llamada a tres entre el médico, el intérprete y el familiar o el paciente.
-¿Y no se le acumula el trabajo?-Hay veces que tengo una víctima de violación en una planta, un herido por identificar en otra, una familia a la que informar en mi despacho... Por suerte, somos el mejor equipo del mundo. Enfermeras, auxiliares, médicos y administrativos siempre echan una mano. El Clínic es el hospital que tiene más trabajadores sociales. Fuera todos saben que también estamos de noche. Si encuentran a un indocumentado, nos lo traen para que investiguemos.
-¿Cómo eligió un trabajo así?
-Yo estudié dos años de psicología y solo aprobé la parte social. Un día mi abuelo murió aquí en el Clínic. Mi familia todavía recuerda a un señor que les acompañó en todo momento y les ayudó. Era el trabajador social. Me dije que quería ser como él y trabajar en el Clínic. Toqué mil puertas hasta conseguir un stage, nueve meses haciendo prácticas sin cobrar. Ahora aquel señor que tanto me enseñó, y que había ayudado a mi familia, es mi compañero del turno de tarde. Cuando yo entro a las 10 de la noche, él me pasa el relevo.
26 de agosto de 2011
Teresa Laplana: «A los policías y los bomberos nos encanta competir»
Intendente de los Mossos y nadadora. Medallista en los Juegos Mundiales de Policías y Bomberos.
-¿Cuántas medallas en la piscina?-Creo que he ganado unas 14 desde que me presenté por primera vez a los Juegos. Empecé en 1999, en Estocolmo. Siempre compito en 50 o 100 metros braza, y a veces también en espalda y relevos.
-Y compiten contra muchos países.-Sí. Este año ya somos unos 15.000 policías y bomberos inscritos de todo el mundo. Para todos es una oportunidad de vernos cada dos años, mantenernos en forma y competir.
-¿Qué se siente en el podio?-La primera vez que te llaman por tu nombre para tirarte a la piscina el corazón te sale por la boca. Es muy emocionante. También cuando te presentan como Catalonian Police y ves que es una oportunidad para tu país. Lo de las medallas, hay de todo. En Vancouver, nos las dieron en la mano tras consultar un listado. Fue muy frío. Pero en Adelaida sí subí al podio. Fue muy bonito.
-¿Por qué policías y bomberos?
-Porque somos buenos deportistas. Participan cuerpos de policía local de ciudades pequeñas, y de cuerpos más grandes como la Guardia Urbana y los Mossos. Hay unidades que necesitan mantener una buena forma física. Y nos encanta competir.
-¿Quién paga estos 10 días en Nueva York?-En los Mossos, cada agente se paga siempre lo suyo, el viaje y la estancia. Aunque hay cuerpos como la Ertzaintza que algunos años han pagado el viaje a sus atletas. Llevan gente muy preparada.
-Las nadadoras más temidas.
-Las bomberas de California son impresionantes. Aunque hay nadadoras rusas y de países de la antigua URSS que están muy entrenadas.
-Harán amistades...
-Sí, sí. He hecho amigas compitiendo. Tengo una amiga portuguesa, por ejemplo, con la que nos vemos cada dos años en los Juegos. Hasta conoce a mis hijos. Nos relacionamos mucho en la piscina porque compites unos minutos al día, pero pasas allí toda la mañana.
-Pero usted lleva su club de fans.
-Sí, siempre viajo con mis hijos a estos juegos. Y también con mi marido, que es intendente de la Guardia Urbana de Barcelona y además compite en baloncesto. Los Juegos de Policías y Bomberos nos han permitido viajar por todo el mundo. Si no fuera por la competición, jamás se me habría ocurrido ir a Australia.
-Jefa de la comisaría de Sant Andreu, madre de tres hijos... ¿De dónde saca tiempo para la piscina?
-Es difícil, pero si te lo propones, lo consigues. Es cuestión de prioridades. Yo, por ejemplo, muchos mediodías aprovecho la hora de comer para ir a la piscina. En la comisaría les digo dónde estoy por si me tienen que avisar. Pero es muy bueno ese momento de desconexión que dedicas a ti. Y, con mis hijos, siempre he contado con la ayuda de mi marido, de sus padres y de los míos. Desde que eran pequeños. Cuando los dos primeros tenían 1 y 5 años, me destinaron a la cárcel de Ponent. Y luego, años después, a Tarragona.
-Debió ser duro.
-Es mi trabajo, pero internamente te hace daño. Nunca olvidaré cuando mi hija con 5 años me dijo: «Te vas porque no nos quieres». Ella entonces no lo entendía.
-Con padres en Guardia Urbana y Mossos, ¿los niños serán policías?
-Que va. Ninguno. Ahora tienen 22, 18 y 13 años. Mi marido les ha dicho que este trabajo es una buena oportunidad. Pero no quieren.
-Y usted, ¿cómo llegó a mossa?
-Por casualidad. Daba clases en una piscina, me avisaron de que se hacían las pruebas de ingreso y me presenté. Pero yo quería ser azafata o enfermera, como muchas niñas. Nunca me imaginé como policía.
-¿Cómo se manda a toda una comisaría?
-Cada uno tiene su propio estilo. Yo sigo el de mis primeros jefes. Trato con personas, no con números. Intento que mi gente esté siempre a gusto. Así rinden más.
22 de agosto de 2011
Elvira Santiago: «Mi generación se ha adaptado a muchos cambios»
Encuentro a Elvira Santiago tomando el sol desnuda en la playa de Sant Sebastià, en Barcelona. «Tonterías, las justas», responde cuando le pregunto si se irá a practicar nudismo a la Mar Bella, tal y como exige el ayuntamiento. Se define como «naturista» y la cito para que me hable de naturismo, pero me habla de libertad. Elvira tiene 63 años y pertenece a esa generación que nació y se educó con todas las prohibiciones, tabús y miedos de la dictadura y que, con la democracia, ha sabido adaptarse a los cambios sociales.
-Explíqueme, ¿qué es el naturismo?
-Bueno, yo solo le puedo hablar de mi experiencia.
-Claro, es una entrevista.
-El naturismo es una filosofía de vida y es mi forma de vivir. Para mí, no se trata solo de hacer nudismo en la playa. Implica tener una vida natural. ¿Cómo se lo explico? Intento dotar de sentido común mi día a día.
-¿Sentido común?
-Personalmente, intento no llevar nada al extremo. Para cierta gente el naturismo es una religión; para mí, no. Yo como sano, visto lo más natural posible, reciclo desde hace 20 años e intento no meterme con la gente. Mi máxima es: «Mi libertad acaba donde empieza la del otro».
-¿Permite una ciudad como Barcelona ser naturista?
-Está claro que en la ciudad no puedes hacer todo lo que quieres, pero no solo por la ciudad. También por la gente que te rodea: yo fui vegetariana durante 14 años y había gente que entendía que renunciara a la carne de vaca, por ejemplo.
-¿Ya no lo es?
-Con la edad tienes que cuidarte más, así que he ido incorporando pollo, pescado... Mire, yo no soy radical en nada. Hasta hace nueve años fumaba. Durante años, seguí a mi exmarido cada vez que, en su trabajo, lo destinaban a una ciudad diferente. Ahora los tiempos han cambiado. Quiero decirle que no es que yo sea ejemplo de nada. Solo que intento ser coherente con lo que pienso y siento, y no hago daño a nadie.
-¿Siempre practica nudismo?
-En los países que no lo permiten, no. Me parece irrespetuoso. Y se lo digo porque he viajado mucho.
-Entonces, ¿por qué no acepta la normativa del ayuntamiento sobre el nudismo en la playa?
-¡Porque la ley lo permite, pero el ayuntamiento lo prohíbe! Es una incoherencia.
-Siga.
-Creo que el ayuntamiento ha perdido el sentido común con tantas normativas. ¿Cree que es trabajo de un policía decirle a alguien que se ponga una camiseta? Está claro que no todo vale en una ciudad y que tiene que haber normas de convivencia, pero creo que nos hemos ido a un extremo.
-¿Cuando empezó a practicar nudismo?
-Hace 34 años iba a un cámping cerca de L'Hospitalet de l'Infant y había una gente que practicaba nudismo en una calita. Era, por supuesto, una calita abandonada por el ayuntamiento. Un día fui con mi familia y me quité la parte de arriba del biquini. Luego me dije a mí misma: «Voy a ver qué se siente». ¡Sentí libertad! Desde ese día, cada mañana iba con mis hijos a esa cala. Recogíamos las latas que dejaban ahí por la noche y luego nos bañábamos.
-¿Está a favor del nudismo en las calles?
-Lo respeto, pero no lo comparto. Creo que no hace falta. Para mí, eso no es naturismo.
-¿Le puedo preguntar cuántos años tiene?
-Claro, 63.
-¿Cuándo se hizo el piercing en la nariz?
-Hace unos 17 años. Siempre había tenido ganas de hacerme uno.
-¿Y el tatuaje?
-Eso es otra historia. A los 60 años fui al tatuador y el chico se quedó a cuadros. Una señora de 60 años que quiere hacerse un tatuaje no es muy común. ¡Yo quería probar! Me gustó y en tres años me he hecho cuatro.
-¿Siempre hace lo que quiere?
-Pertenezco a una generación que no ha vivido la guerra y, en cierta manera, es una generación olvidada. Aun así, tenemos muchas cosas que decir: pasamos de nacer en una dictadura a asumir una libertad impensable cuando éramos adolescentes. Nos habían educado para lo contrario y asumimos sin problemas el aborto, el divorcio, nos informamos porque lo tuvimos prohibido mucho tiempo. ¡Tenemos una gran capacidad de cambio!
-Explíqueme, ¿qué es el naturismo?
-Bueno, yo solo le puedo hablar de mi experiencia.
-Claro, es una entrevista.
-El naturismo es una filosofía de vida y es mi forma de vivir. Para mí, no se trata solo de hacer nudismo en la playa. Implica tener una vida natural. ¿Cómo se lo explico? Intento dotar de sentido común mi día a día.
-¿Sentido común?
-Personalmente, intento no llevar nada al extremo. Para cierta gente el naturismo es una religión; para mí, no. Yo como sano, visto lo más natural posible, reciclo desde hace 20 años e intento no meterme con la gente. Mi máxima es: «Mi libertad acaba donde empieza la del otro».
-¿Permite una ciudad como Barcelona ser naturista?
-Está claro que en la ciudad no puedes hacer todo lo que quieres, pero no solo por la ciudad. También por la gente que te rodea: yo fui vegetariana durante 14 años y había gente que entendía que renunciara a la carne de vaca, por ejemplo.
-¿Ya no lo es?
-Con la edad tienes que cuidarte más, así que he ido incorporando pollo, pescado... Mire, yo no soy radical en nada. Hasta hace nueve años fumaba. Durante años, seguí a mi exmarido cada vez que, en su trabajo, lo destinaban a una ciudad diferente. Ahora los tiempos han cambiado. Quiero decirle que no es que yo sea ejemplo de nada. Solo que intento ser coherente con lo que pienso y siento, y no hago daño a nadie.
-¿Siempre practica nudismo?
-En los países que no lo permiten, no. Me parece irrespetuoso. Y se lo digo porque he viajado mucho.
-Entonces, ¿por qué no acepta la normativa del ayuntamiento sobre el nudismo en la playa?
-¡Porque la ley lo permite, pero el ayuntamiento lo prohíbe! Es una incoherencia.
-Siga.
-Creo que el ayuntamiento ha perdido el sentido común con tantas normativas. ¿Cree que es trabajo de un policía decirle a alguien que se ponga una camiseta? Está claro que no todo vale en una ciudad y que tiene que haber normas de convivencia, pero creo que nos hemos ido a un extremo.
-¿Cuando empezó a practicar nudismo?
-Hace 34 años iba a un cámping cerca de L'Hospitalet de l'Infant y había una gente que practicaba nudismo en una calita. Era, por supuesto, una calita abandonada por el ayuntamiento. Un día fui con mi familia y me quité la parte de arriba del biquini. Luego me dije a mí misma: «Voy a ver qué se siente». ¡Sentí libertad! Desde ese día, cada mañana iba con mis hijos a esa cala. Recogíamos las latas que dejaban ahí por la noche y luego nos bañábamos.
-¿Está a favor del nudismo en las calles?
-Lo respeto, pero no lo comparto. Creo que no hace falta. Para mí, eso no es naturismo.
-¿Le puedo preguntar cuántos años tiene?
-Claro, 63.
-¿Cuándo se hizo el piercing en la nariz?
-Hace unos 17 años. Siempre había tenido ganas de hacerme uno.
-¿Y el tatuaje?
-Eso es otra historia. A los 60 años fui al tatuador y el chico se quedó a cuadros. Una señora de 60 años que quiere hacerse un tatuaje no es muy común. ¡Yo quería probar! Me gustó y en tres años me he hecho cuatro.
-¿Siempre hace lo que quiere?
-Pertenezco a una generación que no ha vivido la guerra y, en cierta manera, es una generación olvidada. Aun así, tenemos muchas cosas que decir: pasamos de nacer en una dictadura a asumir una libertad impensable cuando éramos adolescentes. Nos habían educado para lo contrario y asumimos sin problemas el aborto, el divorcio, nos informamos porque lo tuvimos prohibido mucho tiempo. ¡Tenemos una gran capacidad de cambio!
20 de junio de 2011
Wafa Dabbou: «Al principio me sentía como hecha de aire»
Una líder natural. A esta amazig de Manlleu nadie le impone nada. Ni las ideas, ni el pañuelo, ni los sueños.
Wafa Dabbou (Nador, 1979) es una mujer lúcida, con una mirada propia, una voluntad de acero y un talento natural para la mediación. Su abuelo se sentiría orgulloso de ella.
–A su abuelo le debemos un respeto.
–Franco lo reclutó en Nador para formar parte de la temida guardia mora. Llamaron a su puerta y le dijeron que iba a luchar contra los enemigos de Dios. Sin más explicaciones. Cuando llegó a Catalunya, supo que no podía matar sin saber el porqué. Decidió hacerse el loco. Comió jabón, lo llevaron al hospital y allí un médico le dijo: «Sé que no estás loco, pero certificaré que lo estás».
–La historia la llenará de orgullo.
–Mucho. Por otra parte, soy nieta e hija de maestros. Crecí en un hogar en el que la educación era algo indiscutible. Al acabar el bachillerato, quería ir a la universidad. Pero me casé con mi primo, que trabajaba en la construcción en Manlleu.
–¿Se enamoró?
–Era una persona a la que podía llegar a querer. Me daba tranquilidad. En los acuerdos matrimoniales se incluyó una cláusula según la cual yo podría seguir mis estudios en España y él, que no acabó la primaria, estuvo absolutamente de acuerdo.
–Y se vino para Catalunya.
–Recién casada. Tenía 18 años y era la primera vez que me separaba de mi familia. El castellano no me era extraño, porque en Nador se captaban las señales de Tele 5 y de Canal Sur. Pero aquí todo el mundo hablaba catalán... Mi marido incluso pensó en enviarme a estudiar a Bélgica, donde vivía un hermano suyo.
–Usted no aceptó.
–Lo mínimo que podía hacer ante esa demostración de sacrificio era quedarme a su lado e intentar conocerle más. Pero no sabía nada de Catalunya.
No conocía a nadie. Nadie me conocía a mí. Al principio me sentía como hecha de aire. No quería salir de casa. Tenía miedo. Y no podía explicar a nadie lo que me pasaba.
–En Manlleu debía de haber más mujeres marroquís...
–No suelen ir explicando qué sienten, pese a que muchas están destrozadas. Hablan de los hijos, del día a día, pero se niegan a reconocer su malestar. Y yo no me identificaba con las mujeres que solo querían ser buenas esposas y madres. Estudiar les parecía una pérdida de tiempo. Era mejor invertirlo en cocinar.
–Vivía una especie de doble exilio.
–No podía hablar con unos ni con otros. Hasta que empecé a ir a clases de catalán. Entonces, no iba ningún otro marroquí. En invierno, volvía a casa a las 9 de la noche, corriendo, porque no había nadie en la calle. Pero tuve la suerte de encontrar a una profesora que amaba la lengua y me la hizo amar a mí. Y gracias a ella vi que yo no era tan rara. Eso es algo que deberían de saber los servicios sociales...
–¿Qué exactamente?
–Que no somos gente que no sabe nada, a la que le puedes hacer un lavado de cerebro y meterle unas ideas que consideras que son las buenas y correctas.
–¿No está muy de acuerdo con la fórmula de integración?
–La composición de la sociedad está cambiando. Y hay que aceptarlo, pese a que aún hay quien cree que llegará el día en que los de fuera se marcharán. Los mayores podemos perdonarlo todo, pero a los niños nacidos aquí les siguen preguntando: «¿De dónde eres?» Eso es especialmente perjudicial para los jóvenes, que en casa no se identifican con los padres, y fuera, ven cuestionada su identidad; y no tienen recursos suficientes para explicar su malestar.
–Sigamos con su historia.
–A los tres años me defendía bien en catalán. Observé dónde vivía, cómo pensaba la gente, con qué se rían, qué había pasado para que fueran como son. Hice un esfuerzo para amar. Y nació mi hijo, Soufian, con un síndrome que le produjo malformaciones en las extremidades. Hasta los 8 años necesitó de muchas operaciones. Estando en el hospital, a menudo me pedían que hiciera mediación.
–Y resultó ser tan buena que el Ayuntamiento de Vic le ofreció una plaza.
–Sí. Junto a una chica china, una autóctona y otra de origen marroquí, hicimos cuanto pudimos. En salud mental, en escuelas, en casos de malos tratos. Con el tiempo fuimos tejiendo confianza donde no la había. Sin embargo, el pasado verano el ayuntamiento decidió hacer recortes.
–El ayuntamiento perdió a una líder natural.
–Quiero trabajar para que haya un cambio. Estoy acabando el grado superior en Integración Social y colaboro con las mares enllaç de la escuela Escorial de Vic. Y sueño con que nuestros hijos puedan
llegar a ser buenos musulmanes catalanes.
De conformidad con la Ley Orgánica de Protección de Datos de carácter personal, te recordamos que, si en
algún momento deseas cambiar tu correo electrónico o dejar de recibir información de este sindicato, no tienes más que enviarnos un correo a esta dirección mujeres.siemens@gmail.com con tu nombre y apellidos manifestando tu deseo de no recibir más información.
Si conoces a alguna persona que desee ser incluida en nuestra lista de distribución, debe mandarnos un e-mail con sus datos personales.
Wafa Dabbou (Nador, 1979) es una mujer lúcida, con una mirada propia, una voluntad de acero y un talento natural para la mediación. Su abuelo se sentiría orgulloso de ella.
–A su abuelo le debemos un respeto.
–Franco lo reclutó en Nador para formar parte de la temida guardia mora. Llamaron a su puerta y le dijeron que iba a luchar contra los enemigos de Dios. Sin más explicaciones. Cuando llegó a Catalunya, supo que no podía matar sin saber el porqué. Decidió hacerse el loco. Comió jabón, lo llevaron al hospital y allí un médico le dijo: «Sé que no estás loco, pero certificaré que lo estás».
–La historia la llenará de orgullo.
–Mucho. Por otra parte, soy nieta e hija de maestros. Crecí en un hogar en el que la educación era algo indiscutible. Al acabar el bachillerato, quería ir a la universidad. Pero me casé con mi primo, que trabajaba en la construcción en Manlleu.
–¿Se enamoró?
–Era una persona a la que podía llegar a querer. Me daba tranquilidad. En los acuerdos matrimoniales se incluyó una cláusula según la cual yo podría seguir mis estudios en España y él, que no acabó la primaria, estuvo absolutamente de acuerdo.
–Y se vino para Catalunya.
–Recién casada. Tenía 18 años y era la primera vez que me separaba de mi familia. El castellano no me era extraño, porque en Nador se captaban las señales de Tele 5 y de Canal Sur. Pero aquí todo el mundo hablaba catalán... Mi marido incluso pensó en enviarme a estudiar a Bélgica, donde vivía un hermano suyo.
–Usted no aceptó.
–Lo mínimo que podía hacer ante esa demostración de sacrificio era quedarme a su lado e intentar conocerle más. Pero no sabía nada de Catalunya.
No conocía a nadie. Nadie me conocía a mí. Al principio me sentía como hecha de aire. No quería salir de casa. Tenía miedo. Y no podía explicar a nadie lo que me pasaba.
–En Manlleu debía de haber más mujeres marroquís...
–No suelen ir explicando qué sienten, pese a que muchas están destrozadas. Hablan de los hijos, del día a día, pero se niegan a reconocer su malestar. Y yo no me identificaba con las mujeres que solo querían ser buenas esposas y madres. Estudiar les parecía una pérdida de tiempo. Era mejor invertirlo en cocinar.
–Vivía una especie de doble exilio.
–No podía hablar con unos ni con otros. Hasta que empecé a ir a clases de catalán. Entonces, no iba ningún otro marroquí. En invierno, volvía a casa a las 9 de la noche, corriendo, porque no había nadie en la calle. Pero tuve la suerte de encontrar a una profesora que amaba la lengua y me la hizo amar a mí. Y gracias a ella vi que yo no era tan rara. Eso es algo que deberían de saber los servicios sociales...
–¿Qué exactamente?
–Que no somos gente que no sabe nada, a la que le puedes hacer un lavado de cerebro y meterle unas ideas que consideras que son las buenas y correctas.
–¿No está muy de acuerdo con la fórmula de integración?
–La composición de la sociedad está cambiando. Y hay que aceptarlo, pese a que aún hay quien cree que llegará el día en que los de fuera se marcharán. Los mayores podemos perdonarlo todo, pero a los niños nacidos aquí les siguen preguntando: «¿De dónde eres?» Eso es especialmente perjudicial para los jóvenes, que en casa no se identifican con los padres, y fuera, ven cuestionada su identidad; y no tienen recursos suficientes para explicar su malestar.
–Sigamos con su historia.
–A los tres años me defendía bien en catalán. Observé dónde vivía, cómo pensaba la gente, con qué se rían, qué había pasado para que fueran como son. Hice un esfuerzo para amar. Y nació mi hijo, Soufian, con un síndrome que le produjo malformaciones en las extremidades. Hasta los 8 años necesitó de muchas operaciones. Estando en el hospital, a menudo me pedían que hiciera mediación.
–Y resultó ser tan buena que el Ayuntamiento de Vic le ofreció una plaza.
–Sí. Junto a una chica china, una autóctona y otra de origen marroquí, hicimos cuanto pudimos. En salud mental, en escuelas, en casos de malos tratos. Con el tiempo fuimos tejiendo confianza donde no la había. Sin embargo, el pasado verano el ayuntamiento decidió hacer recortes.
–El ayuntamiento perdió a una líder natural.
–Quiero trabajar para que haya un cambio. Estoy acabando el grado superior en Integración Social y colaboro con las mares enllaç de la escuela Escorial de Vic. Y sueño con que nuestros hijos puedan
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Delegada de la igualdad y la mujer
SIEMENS, S.A. Oficina Regional Barcelona
Lluis Muntadas, 5
Cornella de Llobregat (Barcelona)
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5 de junio de 2011
Maria Sala: «Hay un lazo fuerte entre las personas: el amor a sus hijos»
NURIA NAVARRO
‘Madre enlace’. Ella y otras mujeres de Vic tienden la mano a las madres magrebís en el día a día de la escuela.
Hay pequeños gestos que obran grandes cambios. Hace ocho años, tres madres de la escuela Escorial de Vic –la economista Maria Sala es una de ellas– se dieron cuenta de lo aisladas que estaban las madres magrebís y de que eso repercutía en sus hijos. Así que crearon la figura de la madre-enlace , encargada de explicarles todos los detalles de la vida escolar. Hoy son 40 las voluntarias.
–El vacío de comunicación entre las madres autóctonas y las inmigrantes se traducía en hechos. Por ejemplo, cuando la profesora enviaba la nota de una excursión en la libreta viajera y la madre magrebí no la entendía, optaba por no dejar ir a su hijo. O cuando pedían a los niños que llevaran un botón y no lo hacían porque la información no llegaba a casa, se perdían la actividad.
Houria (en la foto, de espaldas) interviene: «Al principio tenía miedo y un poco de vergüenza. No hablaba el catalán y no entendía las fiestas, ni el sistema educativo, ni qué era la AMPA».
–Eso iba generando una marginación involuntaria. Un día recordé la frase de una antropóloga norteamericana: «Se habla mucho de ellos y poco con ellos».
–Y se acercó y habló.
–Comentamos la idea de las madres enlace con las maestras, que estuvieron rápidamente de acuerdo, y buscamos a madres magrebís con las que pudiéramos entendernos más o menos en catalán. Recuerdo que la primera me dijo: «¡No puedo creer que a alguien le preocupe que los niños estén bien en la escuela!». Y yo le respondí: «A mí y a otras madres nos importa mucho». Empezar a hablar solo ha dado frutos.
–¿La cosa consiste en aclarar aspectos simples y en acompañar?
–Sí. Recuerdo el día que acompañamos a las madres magrebís a la piscina y vieron que allí había monitores que se encargaban de sus hijos, que todo estaba controladísimo. Ganaron confianza y les dejaron ir. Piense que muchas de ellas nunca habían visto una piscina...
–¿Suelen ser mujeres sin formación?
–La mayoría vienen de pueblos pequeños y a menudo no han sido escolarizadas. No son conscientes, por ejemplo, de que a los niños hay que llevarlos al cole pese al mal tiempo, del valor de la constancia. Es importante que ellas tengan autoridad, pero eso solo es posible a partir de la información.
–En cada clase se conectan una madre catalana y una magrebí.
–Desde P-3. Y cuando la magrebí comprende, lo explica a otras madres que solo hablan árabe o amazic. Desde el principio notamos que todas empujábamos en la misma dirección. Hay un lazo fuerte entre las personas: el amor a sus hijos. Lo más importante para todas es su bienestar.
–En Vic habrá madres que no entiendan su empeño.
–Si acaso no colaboran, pero no hay enfrentamiento. ¡Es que no hay nada que criticar! Intentamos que todos los niños de la clase tengan igualdad de oportunidades a la hora de estudiar. Y cuanto mejor van los niños inmigrantes, mejor funciona la clase. Eso ni Anglada lo puede refutar.
–A Anglada le crecen los adeptos.
–¡Eso nos tiene que motivar para trabajar aún más! Hoy el director de nuestra escuela ha ido a hablar con el imán para instarle a que la comunidad magrebí tome conciencia de que es un momento difícil para la ciudad y de que todos nos tenemos que arremangar. Hay que sentarse, hablar, caminar juntos.
–Parece lo más razonable.
–La cohesión social de este maremagnum de culturas en el que se ha convertido Vic nace y acaba en las escuelas. Es aquí donde los niños conviven, aprenden y se normalizan y donde lo hacen también sus madres y, por extensión, las familias. Si logramos que estos niños vivan felices, quieran a su país y se preparen para lo que quieran, será gente responsable y no tendrán que pasar por el trauma que viven en muchos países de Europa.
–Todo esto les llevará mucha inversión de energía, ¿no?
–El trabajo normal de una madre enlace le ocupa cinco minutos a la semana, el tiempo que tarda en comunicar. Y la recompensa a esos cinco minutos es la gratitud de otras madres y el sentimiento de ser útil. Yo le dedico un poco más, porque también les doy clases de catalán.
–Ellas aprenden de usted. ¿Y usted de ellas?
–Yo he aprendido que son madres que, pese a la adversidad, tienen una gran capacidad de ser felices. Y son muy valientes. Piense que a muchas de ellas, cuando andan por la calle, les gritan: «Dentro de poco, estaréis todas fuera de aquí».
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–El vacío de comunicación entre las madres autóctonas y las inmigrantes se traducía en hechos. Por ejemplo, cuando la profesora enviaba la nota de una excursión en la libreta viajera y la madre magrebí no la entendía, optaba por no dejar ir a su hijo. O cuando pedían a los niños que llevaran un botón y no lo hacían porque la información no llegaba a casa, se perdían la actividad.
Houria (en la foto, de espaldas) interviene: «Al principio tenía miedo y un poco de vergüenza. No hablaba el catalán y no entendía las fiestas, ni el sistema educativo, ni qué era la AMPA».
–Eso iba generando una marginación involuntaria. Un día recordé la frase de una antropóloga norteamericana: «Se habla mucho de ellos y poco con ellos».
–Y se acercó y habló.
–Comentamos la idea de las madres enlace con las maestras, que estuvieron rápidamente de acuerdo, y buscamos a madres magrebís con las que pudiéramos entendernos más o menos en catalán. Recuerdo que la primera me dijo: «¡No puedo creer que a alguien le preocupe que los niños estén bien en la escuela!». Y yo le respondí: «A mí y a otras madres nos importa mucho». Empezar a hablar solo ha dado frutos.
–¿La cosa consiste en aclarar aspectos simples y en acompañar?
–Sí. Recuerdo el día que acompañamos a las madres magrebís a la piscina y vieron que allí había monitores que se encargaban de sus hijos, que todo estaba controladísimo. Ganaron confianza y les dejaron ir. Piense que muchas de ellas nunca habían visto una piscina...
–¿Suelen ser mujeres sin formación?
–La mayoría vienen de pueblos pequeños y a menudo no han sido escolarizadas. No son conscientes, por ejemplo, de que a los niños hay que llevarlos al cole pese al mal tiempo, del valor de la constancia. Es importante que ellas tengan autoridad, pero eso solo es posible a partir de la información.
–En cada clase se conectan una madre catalana y una magrebí.
–Desde P-3. Y cuando la magrebí comprende, lo explica a otras madres que solo hablan árabe o amazic. Desde el principio notamos que todas empujábamos en la misma dirección. Hay un lazo fuerte entre las personas: el amor a sus hijos. Lo más importante para todas es su bienestar.
–En Vic habrá madres que no entiendan su empeño.
–Si acaso no colaboran, pero no hay enfrentamiento. ¡Es que no hay nada que criticar! Intentamos que todos los niños de la clase tengan igualdad de oportunidades a la hora de estudiar. Y cuanto mejor van los niños inmigrantes, mejor funciona la clase. Eso ni Anglada lo puede refutar.
–A Anglada le crecen los adeptos.
–¡Eso nos tiene que motivar para trabajar aún más! Hoy el director de nuestra escuela ha ido a hablar con el imán para instarle a que la comunidad magrebí tome conciencia de que es un momento difícil para la ciudad y de que todos nos tenemos que arremangar. Hay que sentarse, hablar, caminar juntos.
–Parece lo más razonable.
–La cohesión social de este maremagnum de culturas en el que se ha convertido Vic nace y acaba en las escuelas. Es aquí donde los niños conviven, aprenden y se normalizan y donde lo hacen también sus madres y, por extensión, las familias. Si logramos que estos niños vivan felices, quieran a su país y se preparen para lo que quieran, será gente responsable y no tendrán que pasar por el trauma que viven en muchos países de Europa.
–Todo esto les llevará mucha inversión de energía, ¿no?
–El trabajo normal de una madre enlace le ocupa cinco minutos a la semana, el tiempo que tarda en comunicar. Y la recompensa a esos cinco minutos es la gratitud de otras madres y el sentimiento de ser útil. Yo le dedico un poco más, porque también les doy clases de catalán.
–Ellas aprenden de usted. ¿Y usted de ellas?
–Yo he aprendido que son madres que, pese a la adversidad, tienen una gran capacidad de ser felices. Y son muy valientes. Piense que a muchas de ellas, cuando andan por la calle, les gritan: «Dentro de poco, estaréis todas fuera de aquí».
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3 de junio de 2011
Una actriz de ‘La Riera’ triunfa con la poesía
MIREYA ROCA
BARCELONA
ESTEL SOLÉ GANA EL PREMIO AMADEU OLLER 2011 DE POESÍA
La actriz Estel Solé está exultante, y no es para menos: cada tarde miles de espectadores siguen sus vivencias en La Riera, la serie de TV-3 en la que da vida a la camarera Marina, y ahora acaba de ganar el premio Amadeu Oller 2011-Poetas inéditos con la obra Dones que somiaven ser altres dones. Esta joven de Molins de Rei, que empezó a escribir a los 8 años y que con solo 10 ya ganó el concurso de narrativa literaria Mercè Rodoreda,considera que la interpretación y la literatura «son perfectamente compatibles». «La una tiene mucho que ver con la otra porque ambas son facetas artísticas», afirmó ayer en la presentación del libro.
Incapaz de elegir entre sus dos grandes pasiones, Solé incluso aseguró que su trabajo como actriz le ayudó a escribir el libro. «La obra está en constante evolución porque el hilo conductor es el individuo en transformación, un símil con el apasionante pero complejo mundo de las actrices. Y todo ello con notas de humor ácido y urbano», explicó durante el acto. También declaró que el premio «es un punto de confianza, un punto de partida para seguir buscando la perfección, para no perder la ilusión y encontrar material para empezar otro libro».
En su horizonte está Miquel Martí i Pol, autor del poemario L’arrel i l’escorça, una de sus primeras lecturas. «Era mi héroe, mi referente y gracias a una profesora tuve la suerte de conocerlo a los 13 años. Fue uno de los días más importantes de mi vida», rememoró. «Charlamos durante horas y entre sus sabios consejos me animó a participar en concursos literarios, como hizo él», añadió. La actriz escritora –o la escritora actriz– siempre ha tenido muy en cuenta las palabras del poeta de Roda de Ter, pero presentarse a un certamen siempre le ha supuesto «un abismo» para ella, dado su perfeccionismo y su «miedo al triunfo, más incluso que al fracaso».
A sus 24 años y mientras se pule como escritora, sigue inmersa en las pruebas de dramaturgia que realiza estos días en el Institut del Teatre, interpretando a Marina en La Riera y escribiendo en su blog. Pero también tiene en mente montar un espectáculo para acercar la poesía a la gente, pero «huyendo de los tópicos», concluye.
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BARCELONA
ESTEL SOLÉ GANA EL PREMIO AMADEU OLLER 2011 DE POESÍA
La actriz Estel Solé está exultante, y no es para menos: cada tarde miles de espectadores siguen sus vivencias en La Riera, la serie de TV-3 en la que da vida a la camarera Marina, y ahora acaba de ganar el premio Amadeu Oller 2011-Poetas inéditos con la obra Dones que somiaven ser altres dones. Esta joven de Molins de Rei, que empezó a escribir a los 8 años y que con solo 10 ya ganó el concurso de narrativa literaria Mercè Rodoreda,considera que la interpretación y la literatura «son perfectamente compatibles». «La una tiene mucho que ver con la otra porque ambas son facetas artísticas», afirmó ayer en la presentación del libro.
Incapaz de elegir entre sus dos grandes pasiones, Solé incluso aseguró que su trabajo como actriz le ayudó a escribir el libro. «La obra está en constante evolución porque el hilo conductor es el individuo en transformación, un símil con el apasionante pero complejo mundo de las actrices. Y todo ello con notas de humor ácido y urbano», explicó durante el acto. También declaró que el premio «es un punto de confianza, un punto de partida para seguir buscando la perfección, para no perder la ilusión y encontrar material para empezar otro libro».
En su horizonte está Miquel Martí i Pol, autor del poemario L’arrel i l’escorça, una de sus primeras lecturas. «Era mi héroe, mi referente y gracias a una profesora tuve la suerte de conocerlo a los 13 años. Fue uno de los días más importantes de mi vida», rememoró. «Charlamos durante horas y entre sus sabios consejos me animó a participar en concursos literarios, como hizo él», añadió. La actriz escritora –o la escritora actriz– siempre ha tenido muy en cuenta las palabras del poeta de Roda de Ter, pero presentarse a un certamen siempre le ha supuesto «un abismo» para ella, dado su perfeccionismo y su «miedo al triunfo, más incluso que al fracaso».
A sus 24 años y mientras se pule como escritora, sigue inmersa en las pruebas de dramaturgia que realiza estos días en el Institut del Teatre, interpretando a Marina en La Riera y escribiendo en su blog. Pero también tiene en mente montar un espectáculo para acercar la poesía a la gente, pero «huyendo de los tópicos», concluye.
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23 de mayo de 2011
"Mujeres, no pospongáis tanto: ¡concebid antes!"
Anna Veiga, especialista en reproducción asistida
Tengo 54 años. Nací y vivo en Barcelona. Soy bióloga, especialista en reproducción asistida e investigadora de las células madre. Vivo en pareja y tengo un hijo, Ian (23). ¿Política? Soy maragallista. No creo en Dios, creo en la ciencia. La especie humana se reproduce muy mal.
Qué tal está Victoria Anna?
Tiene 26 años y está estupenda: estudia Comunicación, vive en pareja en Barcelona...
Fue la primera niña probeta de España...
Han seguido noventa mil niños más en España, diez mil en la Dexeus.
Usted, como madre de diez mil...
Tanto como madre... Estoy orgullosa de haber sido pionera, con Pere Barri.
¿Conviene explicar a esas personas su concepción?
Con lenguaje comprensible a cada edad. Lo han hecho con Victoria Anna, y ella es feliz.
¿La concepción asistida afecta a la salud física o psíquica del concebido?
No, que se sepa.
¿Cuántas personas han nacido así?
Cuatro millones de personas en el mundo.
¿Quién fue el primero?
Un británico, hace 33 años.
¿Todos nacerán un día así?
No habría recursos para eso.
¿Cómo es la reproducción asistida?
Son técnicas para facilitar la concepción y hacer viable el embarazo.
¿Qué técnicas?
Desde la inseminación in vivo (en el útero de la mujer se insemina un ovocito) hasta la fecundación in vitro (se insemina un ovocito en laboratorio, para luego implantar el embrión en el útero de la madre).
¿Cómo recuerda lo de Victoria Anna?
Mi ayudante Dolors gritaba por los pasillos: "¡Está vivo!", al ver la primera ecografía: ¡el embrión implantado vivía! Habíamos ensayado con tantas parejas sin que cuajase...
¿Qué porcentaje de éxitos hay hoy?
Hay éxito en un 40% de los intentos. Ha crecido desde el 15% de hace veinte años.
¿Por qué no crece más?
La mujer acude con edades cada día más avanzadas, y la calidad del ovocito merma.
¿Qué edad es óptima para engendrar?
Entre 20 y 35 años se dan las mejores condiciones biológicas, fisiológicas y psíquicas.
¿Qué consejo daría a una mujer?
¡Concebid lo antes posible! No pospongáis tanto, confiadas en la fecundación asistida.
Pero ayuda, ¿no?
Pero entre los 40 y 50 años, la menopausia acaba con los ovocitos, y se acabó.
¿Qué porcentaje de abortos espontáneos hay al principio del embarazo?
La especie humana se reproduce muy mal. El embrión de pocos días es expulsado espontáneamente en la mitad de los casos.
¿Cuándo y cómo puede ser interrumpido un embarazo?
De la semana 7 a la 14 depende sólo de la libre voluntad de la gestante. Se hace mediante aspiración del embrión o por ingesta de fármacos bajo supervisión ginecológica.
¿La edad afecta al espermatozoide?
Sí, pero menos que al ovocito. La calidad reproductiva del semen depende de la cantidad de espermatozoides y de su movilidad.
¿Decae el semen humano?
La contaminación, los tóxicos, la dieta, el estilo insalubre de vida... están deteriorando su calidad reproductiva, es verdad.
La reproducción asistida usa a veces semen de donantes anónimos, ¿verdad?
Sí, es una opción. Por ley, el donante de semen en España queda en el anonimato.
Y si el así concebido desease un día conocer a su padre biológico, ¿qué?
En Gran Bretaña o Suecia hay registros, aquí está prohibido. Por eso allí ha descendido el número de donantes: nadie quiere que en el futuro le localice un hijo biológico.
¿Qué preferiría usted, anonimato o identificación?
No lo tengo claro.
¿Ha atendido algún caso de reproducción asistida que le tocase muy de cerca?
Sí, asistí a una amiga íntima, y el niño nació con síndrome de Down, algo que sucede aleatoriamente en condiciones naturales o asistidas... Una procura mantener distancia emocional, pero en casos tan próximos cuesta mucho...
¿Quién se ha opuesto con más empeño a los avances en reproducción asistida?
Sectores de la Iglesia católica atacan la fecundación in vitro con calumnias: "asesinos de embriones", "abortistas" se nos ha llamado. Al revés: ¡fomentamos nuevas vidas!
Pero están compitiendo con Dios...
Visto así... La postura eclesial contra anticonceptivos y preservativos es flagrante. Si ni se casan ni necesitan reproducirse sexualmente... ¿por qué opinan? ¡Mejor les iría tener sexo, así habría menos pederastia!
Usted ahora cultiva células embrionarias en laboratorio: ¿algún escrúpulo?
No. Un embrión no es persona. Estudiamos cómo esas células indiferenciadas se convierten en células especializadas... Y así avanzaremos en la terapia celular.
¿En qué consiste esa terapia?
Un día podremos implantar en enfermos esas células de riñón, de hígado, de corazón, de médula, productoras de insulina... para salvar sus vidas.
¿Podremos un día elegir los rasgos físicos y psíquicos de nuestros hijos?
El sexo, técnicamente, ya se puede elegir. El resto costará: depende de muchos factores.
La vida... ¿sigue siendo un milagro?
La vida como milagro: es un modo romántico de subrayar su complejidad.
¿Qué mejoraría usted en España acerca de la reproducción asistida?
Necesitamos un registro oficial de donantes de ovocitos y un mejor control de nuestros centros de reproducción asistida.
El trabajo de la doctora Anna Veiga ha traído al mundo a diez mil personas en España. Es una mamá de laboratorio: maneja probetas y matraces para ayudar a muchas a traer hijos a la vida. Hace 26 años logró que naciera la primera hija de la reproducción asistida, bautizada Victoria y Anna, en homenaje a la doctora. Hoy sigue investigando sobre ello y sobre células madre, en el Parc de Recerca Biomèdica de Barcelona. Lo cuenta en El milagro de la vida (RBA) / El miracle de la vida (La Magrana), pues cree que el científico debe explicarse a la sociedad. Me da un dato: una mujer nace con dos millones de potenciales ovocitos; quedan trescientos mil en la pubertad, y son hasta cuatrocientos los que ovulará.
Delegada de la igualdad y la mujer
SIEMENS, S.A. Oficina Regional Barcelona
Lluis Muntadas, 5
Cornella de Llobregat (Barcelona)
Normas de uso.
De conformidad con la Ley Orgánica de Protección de Datos de carácter personal, te recordamos que, si en
algún momento deseas cambiar tu correo electrónico o dejar de recibir información de este sindicato, no tienes más que enviarnos un correo a esta dirección mujeres.siemens@gmail.com con tu nombre y apellidos manifestando tu deseo de no recibir más información.
Si conoces a alguna persona que desee ser incluida en nuestra lista de distribución, debe mandarnos un e-mail con sus datos personales.
Qué tal está Victoria Anna?
Tiene 26 años y está estupenda: estudia Comunicación, vive en pareja en Barcelona...
Fue la primera niña probeta de España...
Han seguido noventa mil niños más en España, diez mil en la Dexeus.
Usted, como madre de diez mil...
Tanto como madre... Estoy orgullosa de haber sido pionera, con Pere Barri.
¿Conviene explicar a esas personas su concepción?
Con lenguaje comprensible a cada edad. Lo han hecho con Victoria Anna, y ella es feliz.
¿La concepción asistida afecta a la salud física o psíquica del concebido?
No, que se sepa.
¿Cuántas personas han nacido así?
Cuatro millones de personas en el mundo.
¿Quién fue el primero?
Un británico, hace 33 años.
¿Todos nacerán un día así?
No habría recursos para eso.
¿Cómo es la reproducción asistida?
Son técnicas para facilitar la concepción y hacer viable el embarazo.
¿Qué técnicas?
Desde la inseminación in vivo (en el útero de la mujer se insemina un ovocito) hasta la fecundación in vitro (se insemina un ovocito en laboratorio, para luego implantar el embrión en el útero de la madre).
¿Cómo recuerda lo de Victoria Anna?
Mi ayudante Dolors gritaba por los pasillos: "¡Está vivo!", al ver la primera ecografía: ¡el embrión implantado vivía! Habíamos ensayado con tantas parejas sin que cuajase...
¿Qué porcentaje de éxitos hay hoy?
Hay éxito en un 40% de los intentos. Ha crecido desde el 15% de hace veinte años.
¿Por qué no crece más?
La mujer acude con edades cada día más avanzadas, y la calidad del ovocito merma.
¿Qué edad es óptima para engendrar?
Entre 20 y 35 años se dan las mejores condiciones biológicas, fisiológicas y psíquicas.
¿Qué consejo daría a una mujer?
¡Concebid lo antes posible! No pospongáis tanto, confiadas en la fecundación asistida.
Pero ayuda, ¿no?
Pero entre los 40 y 50 años, la menopausia acaba con los ovocitos, y se acabó.
¿Qué porcentaje de abortos espontáneos hay al principio del embarazo?
La especie humana se reproduce muy mal. El embrión de pocos días es expulsado espontáneamente en la mitad de los casos.
¿Cuándo y cómo puede ser interrumpido un embarazo?
De la semana 7 a la 14 depende sólo de la libre voluntad de la gestante. Se hace mediante aspiración del embrión o por ingesta de fármacos bajo supervisión ginecológica.
¿La edad afecta al espermatozoide?
Sí, pero menos que al ovocito. La calidad reproductiva del semen depende de la cantidad de espermatozoides y de su movilidad.
¿Decae el semen humano?
La contaminación, los tóxicos, la dieta, el estilo insalubre de vida... están deteriorando su calidad reproductiva, es verdad.
La reproducción asistida usa a veces semen de donantes anónimos, ¿verdad?
Sí, es una opción. Por ley, el donante de semen en España queda en el anonimato.
Y si el así concebido desease un día conocer a su padre biológico, ¿qué?
En Gran Bretaña o Suecia hay registros, aquí está prohibido. Por eso allí ha descendido el número de donantes: nadie quiere que en el futuro le localice un hijo biológico.
¿Qué preferiría usted, anonimato o identificación?
No lo tengo claro.
¿Ha atendido algún caso de reproducción asistida que le tocase muy de cerca?
Sí, asistí a una amiga íntima, y el niño nació con síndrome de Down, algo que sucede aleatoriamente en condiciones naturales o asistidas... Una procura mantener distancia emocional, pero en casos tan próximos cuesta mucho...
¿Quién se ha opuesto con más empeño a los avances en reproducción asistida?
Sectores de la Iglesia católica atacan la fecundación in vitro con calumnias: "asesinos de embriones", "abortistas" se nos ha llamado. Al revés: ¡fomentamos nuevas vidas!
Pero están compitiendo con Dios...
Visto así... La postura eclesial contra anticonceptivos y preservativos es flagrante. Si ni se casan ni necesitan reproducirse sexualmente... ¿por qué opinan? ¡Mejor les iría tener sexo, así habría menos pederastia!
Usted ahora cultiva células embrionarias en laboratorio: ¿algún escrúpulo?
No. Un embrión no es persona. Estudiamos cómo esas células indiferenciadas se convierten en células especializadas... Y así avanzaremos en la terapia celular.
¿En qué consiste esa terapia?
Un día podremos implantar en enfermos esas células de riñón, de hígado, de corazón, de médula, productoras de insulina... para salvar sus vidas.
¿Podremos un día elegir los rasgos físicos y psíquicos de nuestros hijos?
El sexo, técnicamente, ya se puede elegir. El resto costará: depende de muchos factores.
La vida... ¿sigue siendo un milagro?
La vida como milagro: es un modo romántico de subrayar su complejidad.
¿Qué mejoraría usted en España acerca de la reproducción asistida?
Necesitamos un registro oficial de donantes de ovocitos y un mejor control de nuestros centros de reproducción asistida.
Milagro de la vida
El trabajo de la doctora Anna Veiga ha traído al mundo a diez mil personas en España. Es una mamá de laboratorio: maneja probetas y matraces para ayudar a muchas a traer hijos a la vida. Hace 26 años logró que naciera la primera hija de la reproducción asistida, bautizada Victoria y Anna, en homenaje a la doctora. Hoy sigue investigando sobre ello y sobre células madre, en el Parc de Recerca Biomèdica de Barcelona. Lo cuenta en El milagro de la vida (RBA) / El miracle de la vida (La Magrana), pues cree que el científico debe explicarse a la sociedad. Me da un dato: una mujer nace con dos millones de potenciales ovocitos; quedan trescientos mil en la pubertad, y son hasta cuatrocientos los que ovulará.
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22 de mayo de 2011
Teresa Rodríguez García: «Cuando ella quiere y pones los medios, la persona sale adelante»
–Creo que se nace con ello. Siempre he querido ayudar porque creo que todo el mundo se puede recuperar. Soy de formación diseñadora y patronista. Vine de Salamanca, de donde procedo, y monté una academia con gitanas aquí en Barcelona. La cerré porque me llamaron para trabajar en Wad-Ras en 1989. Pensaba que, al haberme ido bien con las gitanas, porque coloqué laboralmente a varias de ellas, en la prisión también se podía hacer lo mismo.
–¿Qué hizo entonces en Wad-Ras?
–Les ayudé a encontrar trabajo y casa donde vivir. Y entre las que ya estaban fuera y las alumnas de la prisión conseguimos hacer los estatutos para ayudar a otras mujeres privadas de libertad.
–¿Cuál es el objetivo último de Ared?
–Hacer que ellas encuentren trabajo y recuperen lo que perdieron al entrar en prisión.
–¿La sociedad es corresponsable a la hora de ofrecer esta segunda oportunidad?
–Sí. A mi la sociedad no me decepciona. Y el empresario no pregunta de dónde viene la mujer, quiere a alguien que demuestre que hace bien su trabajo.
–¿Es más difícil para ellas ahora, en plena crisis, encontrar trabajo?
–Pero este colectivo tiene la suerte que otros no tienen: que hay cuatro personas en el centro que se dedican a buscar trabajo fuera, más el trabajo que ofrecemos aquí. Siempre he pensado que cuando pones los medios a la persona y esta quiere, siempre sale adelante. Nuestro nivel de inserción, pese a la crisis, es superior al 60%.
–¿A qué mujeres atiende Ared?
–Comenzamos con mujeres internas en prisiones, pero no tenemos un perfil único. A muchas se les ha acabado el paro, y no tienen absolutamente ningún ingreso. Se les tramita una renta mínima y nosotros les damos una beca. El resto, vienen de servicios sociales porque sufren situaciones de dificultad.
–¿Qué relación hay entre ellas?
–Hay un ambiente bonito, entre ellas. Las que están en prisión ya están cansadas de pelearse allí dentro y durante el día aquí quieren vivir tranquilamente y aprender. Y sencillamente estar en un lugar en el que tengan 20 minutos de silencio, que en los centros penitenciarios solo se consigue por la noche y con suerte.
–¿Qué opina de los recortes presupuestarios de los gobiernos?
–Creo que los recortes son temporales, no pueden alargarse porque los jóvenes ya se están revolucionando. A nosotros ya nos recortaron el año pasado, ya más no nos pueden recortar. Vamos justos para financiarnos. El catering sí, pero la confección no, porque es más difícil. En un par de años queremos lanzar nuestro propio producto en la empresa Salta, para que se autofinancie la empresa y seguir ayudando a la formación. Tenemos que seguir luchando.
–¿Qué recibe usted de las mujeres a las que atiende?
–Recibo mucho más de lo que doy. Ver cómo se recuperan es lo que más me pueden dar. Saber que una mujer que ha estado aquí ahora lleva sola un restaurante es una satisfacción enorme. La mujer tiene una ventaja muy grande sobre el hombre: la voluntad. Sobre todo, las que son madres, a las que admiro muchísimo. Como admiro a los voluntarios, porque quieren mucho a la entidad. Si no quieres a Ared, no trabajas aquí. ha estado aquí ahora lleva sola un restaurante es una satisfacción enorme. La mujer tiene una ventaja muy grande sobre el hombre: la voluntad. Sobre todo, las que son madres, a las que admiro muchísimo. Como admiro a los voluntarios, porque quieren mucho a la entidad. Si no quieres a Ared, no trabajas aquí.
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14 de mayo de 2011
Anna Vilanova: «Mi hijo me enseñó a ver con los ojos del corazón»
–Yo tenía 28 años y en la familia no había antecedentes. Nada más ver la carita de Marcel, le dije a Gaspar, mi marido, que el niño era «extraño». Aquellos ojos, aquella nariz, su forma de sacar la lengua... En el paritorio nadie nos dijo nada. Esa primera noche no lo pude ni tocar. Pensé: «Ojalá se hubiera muerto». Para mí era un extraño.
–No era como había imaginado.
–Era como si hubiera planeado viajar a Italia y, al bajar del avión, viera un letrero que dijera «bienvenido a Siberia» y no hubiera retorno. Me pusieron en una habitación aparte, para no amargar la felicidad de mi compañera de cuarto. Me sentía vacía y triste. Gracias a una comadrona que pasó toda la noche enseñándome cómo darle de mamar, empecé a sentir que era mío.
–No fue esa la primera aceptación.
–Al cabo de cinco meses noté que Marcel tenía espasmos. Un 1% o un 2% de los síndrome de Down pueden tener el síndrome de West, un tipo de epilepsia que daña gravemente el cerebro. El 90% suele responder bien a los tratamientos, pero no fue el caso de Marcel. Él era raro entre los raros. A los 22 meses se sentó con ayuda de sus manos por primera vez. A los 7 años empezó a andar y acabó su vida, a los 14, caminando como un bebé de 14 meses. No llegó a hablar. Si tenía hambre, se sentaba en la silla donde comía y si quería salir, iba al cochecito.
–Era el peor de los escenarios.
–Marcel era el último de la fila de los Down. Siempre se habla de Andy Trías y de Pablo Pineda, pero no de los que son como él.
–Aquí lo puede hacer.
–Marcel pasó una doble operación de corazón a los 14 meses. A los 5 años, casi lo mata un virus Epstein Barr, que se complicó en pleuresía. Hizo un paro cardiorrespiratorio y sentí como si me arrancaran algo. Le dije a mi marido: «Si Marcel se va, yo no me quedo sin ningún síndrome de Down». Le necesitaba, aunque tuviera a Margarida, que entonces tenía 17 meses. Pero Marcel era capaz de ponerse en lo peor y en lo mejor.
–Remontó.
–Sí. En el 2001 nos instalamos en los Alpes, en Montbonnot, donde a mi marido –economista– le salió un empleo en una filial de Michelin. Vinieron cinco años tranquilos, hasta que se le manifestó una otitis fortísima. La fiebre subía y bajaba, tenía ojeras, cada vez estaba más apático. Finalmente le diagnosticaron una leucemia, que sufren un 10% o un 15% de los síndrome de Down. Yo lloraba a mares.
–¿No había solución?
–Los síndromes de Down aceptan mal la quimioterapia. Le fueron rebajando la dosis progresivamente. A finales de julio del 2006, se le bloquearon los riñones y cogió nueve litros de edema. Yo pedía a los médicos un trasplante de médula, cualquier cosa... Los riñones seguían fallando, la cosas se complicó con una neumonía... Un día, ya con morfina, lleno de sondas, lo acerqué a mi pecho y le calmé cantándole la misma canción que cuando estaba dentro de mí. Al día siguiente cerró los ojos y no los volvió a abrir. Murió el 22 de enero del 2008, conmigo, dándole la mano, y mi esposo, dándomela a mí.
–No hay palabras, la verdad.
–Pero esta no es solo una historia triste. Porque Marcel me enseñó mucho. A través de él aprendí a ser más generosa y a mirar con los ojos del corazón. Me he convertido en hada madrina de todos esos seres que antes me daban tanto miedo.
–Pero ¿cómo se aguantan 14 años de permanente angustia?
–He hecho un máster en Inteligencia Emocional. Pero tengo la inmensa suerte de tener junto a mí a un hombre positivo, justo, equilibrado, de una pieza. Yo soy más artista y sufro más. De hecho, tras tener a Margarida, el psiquiatra me diagnosticó un trastorno obsesivo-compulsivo. Supongo que pasé el segundo embarazo con el miedo en el cuerpo.
–¿Y ahora qué?
–Necesito hacer cosas que hagan vivir a Marcel. Por eso he escrito un libro, M arcel, mi hijo extraordinario (Comanegra). También colaboro en una asociación internacional francesa para la ayuda a la integración de los recién llegados al valle del Grésivaudan, donde vivo, y hago horas como auxiliar para alumnos con problemas. Además, he vuelto a cantar en un cuarteto...
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4 de mayo de 2011
Carlota Giménez: «Hace 50 años había vacas en Montbau»
Nació en el mismo barrio, Font d’en Fargas, donde ha pasado toda su vida. Quizá por eso, Carlota Giménez (Barcelona, 1949) defiende con tanto ímpetu que hay que conocer el lugar donde uno vive, quererlo, para poder defenderlo. Al cumplir los 44, Giménez decidió graduarse en Antropología Social y dedicarse a su gran pasión: la historia local de Horta-Guinardó. Su último trabajo conmemora el 50 aniversario del barrio de Montbau.
—El 26 de marzo presentó Montbau, un barri de Collserola . ¿Cómo nació la idea del libro?
—Me lo propuso la comisión que organizaba los festejos del 50 aniversario de la creación de Montbau. La asociación de vecinos tuvo la idea de escribir la historia del barrio, pero vieron que exigía una gran dedicación. Yo ya había escrito otros libros sobre la historia de la Font d’en Fargas, donde he vivido siempre, y sobre la importancia de las fuentes y rieras de Horta, y me lo encargaron a mí.
—¿Qué había antes donde hoy se ubica el barrio?
— Hasta los años 60, Montbau era un espacio semirural, no estaba urbanizado. El terreno donde se ubica eran dos enormes fincas, Can Barret y Can Gallart, que se dedicaban a la explotación agraria y al cultivo de viñas y almendros. El paseo del Vall d’Hebrón era una carretera de un solo carril y la gente bajaba hasta Horta a comprar. ¡Hace solo 50 años, en Montbau pastaban vacas!.
—Y ¿cómo se forjó esa urbanización?
— En un par de años, el barrio pasó de estar prácticamente despoblado a albergar 10.000 habitantes de golpe y porrazo. Estos recién llegados se encontraron totalmente incomunicados con Barcelona y eso les obligó a organizarse para exigir los servicios más básicos, como agua corriente, transporte público y escuelas para los niños. También pedían una parroquia propia y zonas de ocio infantil.
—Pero no obtuvieron respuesta.
— No. El ayuntamiento franquista no estaba por la labor de atender las demandas vecinales, así que los propios residentes crearon y gestionaron esos servicios. Con la transición, el consistorio se descentralizó por distritos y empezó a hacerse eco de las reivindicaciones de los vecinos, pero fueron las entidades y asociaciones quienes forjaron el barrio tal y como es ahora.
—¿Qué tipo de espacios crearon?
— Una lucha preciosa fue la de la biblioteca. Los vecinos impulsaron una biblioteca popular, gestionada por voluntarios. Pidieron a todo el mundo que donara sus libros y la asociación de vecinos donó todo su fondo. Años más tarde se creó la Biblioteca Municipal.
—Fue usted una historiadora tardía. ¿Cuando decidió dedicarse plenamente a su afición?
— Aunque la historia local siempre fue mi pasión, he trabajado toda mi vida de administrativa, hasta que hace diez años me puse a estudiar Antropología Cultural y decidí dedicarme a lo que de verdad me llena.
—¿Por qué ese interés por la historia a pequeña escala?.
— Me interesa especialmente conocer cómo han evolucionado los barrios, el cambio de usos de los espacios y lugares. Este tipo de historia se ha convertido en un boom , pero hasta hace poco tiempo no se consideraba importante. La Historia en mayúsculas era de las élites, de las instituciones; la historia local, la de los barrios, es más social, es la de la gente.
—Además de escribir libros, ilustra a sus vecinos con recorridos culturales por el distrito...
— Hace unos años creamos con unos compañeros un grupo de estudios sobre Horta-Guinardó, El Pou, cuyo objetivo es divulgar la historia de nuestros barrios. De momento, lo hacemos a través de paseos, el primer domingo de mes, por los lugares más emblemáticos. A cada una de ellas suelen apuntarse unas 30 personas. La próxima caminata será por la ladera de los Tres Turons, que antes se llamaba la Muntanya Pelada .
—¿Por que es tan importante dar a conocer la historia de los barrios?
— Para nosotros, es clave que la gente conozca el lugar donde vive, que aprenda a quererlo para poder defenderlo.
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—El 26 de marzo presentó Montbau, un barri de Collserola . ¿Cómo nació la idea del libro?
—Me lo propuso la comisión que organizaba los festejos del 50 aniversario de la creación de Montbau. La asociación de vecinos tuvo la idea de escribir la historia del barrio, pero vieron que exigía una gran dedicación. Yo ya había escrito otros libros sobre la historia de la Font d’en Fargas, donde he vivido siempre, y sobre la importancia de las fuentes y rieras de Horta, y me lo encargaron a mí.
—¿Qué había antes donde hoy se ubica el barrio?
— Hasta los años 60, Montbau era un espacio semirural, no estaba urbanizado. El terreno donde se ubica eran dos enormes fincas, Can Barret y Can Gallart, que se dedicaban a la explotación agraria y al cultivo de viñas y almendros. El paseo del Vall d’Hebrón era una carretera de un solo carril y la gente bajaba hasta Horta a comprar. ¡Hace solo 50 años, en Montbau pastaban vacas!.
—Y ¿cómo se forjó esa urbanización?
— En un par de años, el barrio pasó de estar prácticamente despoblado a albergar 10.000 habitantes de golpe y porrazo. Estos recién llegados se encontraron totalmente incomunicados con Barcelona y eso les obligó a organizarse para exigir los servicios más básicos, como agua corriente, transporte público y escuelas para los niños. También pedían una parroquia propia y zonas de ocio infantil.
—Pero no obtuvieron respuesta.
— No. El ayuntamiento franquista no estaba por la labor de atender las demandas vecinales, así que los propios residentes crearon y gestionaron esos servicios. Con la transición, el consistorio se descentralizó por distritos y empezó a hacerse eco de las reivindicaciones de los vecinos, pero fueron las entidades y asociaciones quienes forjaron el barrio tal y como es ahora.
—¿Qué tipo de espacios crearon?
— Una lucha preciosa fue la de la biblioteca. Los vecinos impulsaron una biblioteca popular, gestionada por voluntarios. Pidieron a todo el mundo que donara sus libros y la asociación de vecinos donó todo su fondo. Años más tarde se creó la Biblioteca Municipal.
—Fue usted una historiadora tardía. ¿Cuando decidió dedicarse plenamente a su afición?
— Aunque la historia local siempre fue mi pasión, he trabajado toda mi vida de administrativa, hasta que hace diez años me puse a estudiar Antropología Cultural y decidí dedicarme a lo que de verdad me llena.
—¿Por qué ese interés por la historia a pequeña escala?.
— Me interesa especialmente conocer cómo han evolucionado los barrios, el cambio de usos de los espacios y lugares. Este tipo de historia se ha convertido en un boom , pero hasta hace poco tiempo no se consideraba importante. La Historia en mayúsculas era de las élites, de las instituciones; la historia local, la de los barrios, es más social, es la de la gente.
—Además de escribir libros, ilustra a sus vecinos con recorridos culturales por el distrito...
— Hace unos años creamos con unos compañeros un grupo de estudios sobre Horta-Guinardó, El Pou, cuyo objetivo es divulgar la historia de nuestros barrios. De momento, lo hacemos a través de paseos, el primer domingo de mes, por los lugares más emblemáticos. A cada una de ellas suelen apuntarse unas 30 personas. La próxima caminata será por la ladera de los Tres Turons, que antes se llamaba la Muntanya Pelada .
—¿Por que es tan importante dar a conocer la historia de los barrios?
— Para nosotros, es clave que la gente conozca el lugar donde vive, que aprenda a quererlo para poder defenderlo.
Delegada de la igualdad y la mujer
SIEMENS, S.A. Oficina Regional Barcelona
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Erika Villaécija: «Quisiera quedarme a vivir en Horta. Le tengo tanto cariño...»
una vecina llamada... Erika Villaécija, nadadora
<b>Como pez en el agua, </b>Erika Villaécija elige sus cinco lugares importantes en Horta sin dudar. Sus quehaceres cotidianos y la gente con la que ahora comparte sus triunfos en la piscina han tejido su apego al barrio, en el que ha crecido y donde entrenó hasta los 15 años.
Horas antes de volar a Brasil para sumergirse en el Campeonato del Mundo de Aguas Abiertas, Erika Villaécija se lanza al agua en la piscina del Club Natació Horta, en la que empezó a entrenar, cuando apenas tenía seis años. Hoy, esta vecina de Horta, medalla de oro en el mundial de natación en Piscina Corta del 2010, el pasado mes de diciembre en Dubái, está a punto de cumplir los 27. «Excepto un día que vine a una clase con los infantiles del club, hacía más de diez años que no había vuelto a nadar en esta piscina. Me han venido a la mente un montón de recuerdos», explica la nadadora.
Se refiere a la época en la que todo lo tenía en Horta. «A cinco minutos de casa tenía el colegio, la Academia Montserrat, que ya no existe. A dos minutos, la piscina», recuerda. «A mediodía, salía corriendo de clase y a la 13.15 horas estaba en el agua. Entrenaba durante una hora, me iba a casa, comía en un cuarto de hora y volvía al colegio. Si no lo hubiera tenido todo tan cerca, no lo hubiera podido hacer», dice quien ha hecho en Horta más quilómetros a nado que a pie. Sus abuelos paternos ya vivían en el barrio de La Clota. «En verano, en su casa con jardín nos juntábamos todos los primos. Tenían una piscina», explica Erika Villaécija.
Una infancia feliz
A pesar de los terribles madrugones-desde los seis años hasta los 15- para enfundarse en el bañador y tirarse a la piscina, la nadadora guarda con mucho cariño su vida en Horta. «Considero que he tenido una infancia muy feliz aquí, en mi barrio», confiesa quien también cuenta con dos medallas de oro en el Europeo de natación del 2004, en Madrid.
Horta guarda sus recuerdos y a muchos de sus amigos. «Solemos ir al Louse Seva a comernos un bocata. O quedamos en el Quimet, los domingos para tomar un picapica y, de noche, vamos al Perifèric», dice. «No soy muy exploradora. Aquí lo tengo todo. Solo, a veces, voy al centro a comprar ropa a las tiendas grandes», señala. La tarde de los miércoles y los fines de semana es, en la actualidad, el tiempo que la nadadora, afincada en el Centre d'Alt Rendiment (CAR) de Sant Cugat, pasa en Horta. Pero, por muchas medallas que pueda ganar, Erika Villaécija asegura que «no viviría ni en Sarrià ni en Pedralbes». «Yo quisiera quedarme en Horta. Este es mi barrio de toda la vida. Conozco a todo el mundo. Y además le tengo tanto cariño...», añade la nadadora.
Pronto derruirán la piscina del Club Natació Horta en la que la nadadora empezó a entrenar bajo la guía de Sonia Fernández. «Han hecho otra más grande, de 50 metros, pero a mí me da pena», apunta.
Tatuajes amuleto
Varios tatuajes decoran el cuerpo de este pececito de Horta. «El primero me lo hice a los 16 años. Mis padres me dejaron porque la tatuadora era mi prima. Dije: Si entro en la final de Natación de Atenas, me haré tatuar un delfín», explica. «Y el pasado mes de septiembre me hice un rayo de sol sobre el mar para que me diera suerte en campeonatos de aguas abiertas», añade la vecina famosa, actualmente en el Club Natació Sant Andreu.
En el bar Antonio, donde preparan unos boquerones que Erika adora, «siempre me animaron». «Me decían: A ver si algún día llegas bien lejos». Hoy, de una de las paredes de este establecimiento cuelga la foto de la vecina y clienta nadadora con su medalla de oro de Dubái.
En la peluquería Casimiro; en la farmacia Pasqual; en el local de los Lluïsos, el esplai al que fue hasta los 12 años, y en la consulta del veterinario, al que nos cruzamos por la calle y Villaécija aprovecha para anunciarle que su perra podría estar embarazada, ella sigue siendo la vecina de siempre. «Si algún día me caso, quiero que me peinen en el barrio y que la iglesia sea la de aquí».La nadadora, que está a punto de terminar sus estudios de Psicología, atribuye su apego al barrio a su inmenso espíritu familiar. «Desde siempre, mi abuela paterna ha vivido con nosotros. Cuando hace días que no vengo, tengo muchas ganas de volver y verlos a todos. También a mis perros. La noche antes de viajar a un campeonato, siempre duermo en Horta»., cuenta Mita, la madre de la nadadora, que se encarga de vestir a los canes con camisetas azulgranas cuando juega el Barça. «Si no lo hacemos, no falla: pierden».
«Los buldogs saben el día y la hora que viene Erika, y se ponen en la puerta a esperarla. Es increíble»
La Campeona del mundo de natación nos enseña su barrio
Delegada de la igualdad y la mujer
Se refiere a la época en la que todo lo tenía en Horta. «A cinco minutos de casa tenía el colegio, la Academia Montserrat, que ya no existe. A dos minutos, la piscina», recuerda. «A mediodía, salía corriendo de clase y a la 13.15 horas estaba en el agua. Entrenaba durante una hora, me iba a casa, comía en un cuarto de hora y volvía al colegio. Si no lo hubiera tenido todo tan cerca, no lo hubiera podido hacer», dice quien ha hecho en Horta más quilómetros a nado que a pie. Sus abuelos paternos ya vivían en el barrio de La Clota. «En verano, en su casa con jardín nos juntábamos todos los primos. Tenían una piscina», explica Erika Villaécija.
Una infancia feliz
A pesar de los terribles madrugones-desde los seis años hasta los 15- para enfundarse en el bañador y tirarse a la piscina, la nadadora guarda con mucho cariño su vida en Horta. «Considero que he tenido una infancia muy feliz aquí, en mi barrio», confiesa quien también cuenta con dos medallas de oro en el Europeo de natación del 2004, en Madrid.
Horta guarda sus recuerdos y a muchos de sus amigos. «Solemos ir al Louse Seva a comernos un bocata. O quedamos en el Quimet, los domingos para tomar un picapica y, de noche, vamos al Perifèric», dice. «No soy muy exploradora. Aquí lo tengo todo. Solo, a veces, voy al centro a comprar ropa a las tiendas grandes», señala. La tarde de los miércoles y los fines de semana es, en la actualidad, el tiempo que la nadadora, afincada en el Centre d'Alt Rendiment (CAR) de Sant Cugat, pasa en Horta. Pero, por muchas medallas que pueda ganar, Erika Villaécija asegura que «no viviría ni en Sarrià ni en Pedralbes». «Yo quisiera quedarme en Horta. Este es mi barrio de toda la vida. Conozco a todo el mundo. Y además le tengo tanto cariño...», añade la nadadora.
Pronto derruirán la piscina del Club Natació Horta en la que la nadadora empezó a entrenar bajo la guía de Sonia Fernández. «Han hecho otra más grande, de 50 metros, pero a mí me da pena», apunta.
Tatuajes amuleto
Varios tatuajes decoran el cuerpo de este pececito de Horta. «El primero me lo hice a los 16 años. Mis padres me dejaron porque la tatuadora era mi prima. Dije: Si entro en la final de Natación de Atenas, me haré tatuar un delfín», explica. «Y el pasado mes de septiembre me hice un rayo de sol sobre el mar para que me diera suerte en campeonatos de aguas abiertas», añade la vecina famosa, actualmente en el Club Natació Sant Andreu.
En el bar Antonio, donde preparan unos boquerones que Erika adora, «siempre me animaron». «Me decían: A ver si algún día llegas bien lejos». Hoy, de una de las paredes de este establecimiento cuelga la foto de la vecina y clienta nadadora con su medalla de oro de Dubái.
En la peluquería Casimiro; en la farmacia Pasqual; en el local de los Lluïsos, el esplai al que fue hasta los 12 años, y en la consulta del veterinario, al que nos cruzamos por la calle y Villaécija aprovecha para anunciarle que su perra podría estar embarazada, ella sigue siendo la vecina de siempre. «Si algún día me caso, quiero que me peinen en el barrio y que la iglesia sea la de aquí».La nadadora, que está a punto de terminar sus estudios de Psicología, atribuye su apego al barrio a su inmenso espíritu familiar. «Desde siempre, mi abuela paterna ha vivido con nosotros. Cuando hace días que no vengo, tengo muchas ganas de volver y verlos a todos. También a mis perros. La noche antes de viajar a un campeonato, siempre duermo en Horta»., cuenta Mita, la madre de la nadadora, que se encarga de vestir a los canes con camisetas azulgranas cuando juega el Barça. «Si no lo hacemos, no falla: pierden».
«Los buldogs saben el día y la hora que viene Erika, y se ponen en la puerta a esperarla. Es increíble»
La Campeona del mundo de natación nos enseña su barrio
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SIEMENS, S.A. Oficina Regional Barcelona
Lluis Muntadas, 5
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26 de febrero de 2011
«Nunca habrá una mujer entrenando en primera división»
Gente corriente
Entrenadora nacional de fútbol, solo en teoría. En la práctica, ser mujer la limita a categorías inferiores.
Arantxa Alonso: «Nunca habrá una mujer entrenando en primera división»
Sábado, 26 de febrero del 2011
Tras más de diez años de formación (INEFC, másteres...), esta mujer nacida en Vilafranca del Penedès choca con un techo de cristal. Es más fácil llegar a presidenta de un país que ser entrenadora de primera división.
-Usted es entrenadora de fútbol.
-No, porque no me gano la vida con esto. Soy profesora de Educación Física. Aún hay gente que lo llama la profe de gimnasia... ¡qué horror! Lo otro es un hobby que espero que algún día sea algo más.
-Pero es una de las pocas mujeres que tiene el título de entrenador nacional, ¿no?
-Quizá seamos siete en Catalunya. Es un título que te permite entrenar a equipos de todas las categorías. Yo llevo la selección catalana sub-18 de fútbol femenino, pero de eso no puedo vivir.
-¿Por qué?
-Aquí el fútbol no deja de ser una cosa de hombres. Quizá en Estados Unidos y Alemania podría vivir de entrenar porque tienen otra mentalidad. Aquí hay que picar mucha piedra. Es un mundo muy, muy masculino.
-En teoría podría entrenar un equipo masculino de primera división.
-Sí, pero eso ni me lo planteo.-
¿Por qué? ¿No está preparada?
-Me queda mucho por aprender. El hecho de que tengas el título de entrenador nacional no te lleva automáticamente a la primera división. Hay técnicos hombres muy cualificados que tampoco llegarán a primera. El fútbol mueve mucho dinero, hay que tener contactos, influencias... Es una cuestión de poder.
-¿Se imagina el día en que una mujer entrene al Barça?
-No. Para eso hay que ser hombre.
Delegada de la igualdad y la mujer
SIEMENS, S.A. Oficina Regional Barcelona
Lluis Muntadas, 5
Cornella de Llobregat (Barcelona)
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-Lo tiene muy claro.
-Es por la cultura. No sé cómo explicarlo, pero nunca habrá una mujer entrenando en primera división.
-¿No es frustrante?
-A veces pienso por qué he invertido tantos años en formarme, pero llega un momento en que no le doy más vueltas. No tiraré la toalla, pero lo tengo asumido. Estoy muy contenta con la selección sub-18, pero más allá hay una pared. En la superliga, que es la máxima división del fútbol femenino, creo que solo hay una mujer entrenadora o ninguna.
-Le dirán que son pocas.
-Nos hemos comenzado a formar tarde, porque de niñas jugar a fútbol era tabú. Cada vez somos más, pero por ser chica te clasifican automáticamente para equipos femeninos.
-¿En la superliga sí podremos ver más mujeres entrenadoras?
-Es cuestión de años, pero sí.
-¿Alguna vez ha tenido problemas en el campo?
-Problemas no. Cuando llevaba un equipo masculino, el Europa infantil, tenía como segundo entrenador a un chico en prácticas y, en los partidos, el árbitro siempre le daba la mano a él. Yo decía: «¡Eh, la entrenadora soy yo!» Les choca, pero también te felicitan después del partido.
-Ni le pregunto quién es su ídolo como entrenador.
-Guardiola, claro, aunque el modelo que más me gusta, no la persona, es el de Mourinho. Me atrae su método de planificar los entrenamientos según la táctica y el modelo de juego que quiere utilizar para su equipo.
-¿Son comparables el fútbol masculino y el femenino?
-Las cualidades físicas son distintas y compararlos como si fueran iguales es un error. El ritmo de juego es diferente: nosotras no tenemos tanta fuerza, no hay tantos desplazamientos en largo y cambios de orientación, pero se hace más juego en corto, más posesión de pelota. Es otro estilo igual de válido.
-¿Pero igual de emocionante?
-Vaya a ver un Espanyol-Rayo Vallecano y ya me contará.
-Con lo que se habla de fútbol, y el fútbol femenino es un desconocido.
-El no salir en los medios complica las cosas. Si no sale en los medios, no viene gente y si no viene gente no hay patrocinadores... Me da rabia abrir el periódico y ver 50.000 páginas de fútbol y la noticia de un equipo femenino que ha quedado campeón del mundo en un recuadrito.
-Ya.
-¿Sabía que la selección sub-17 femenina estatal es campeona de Europa y tercera del mundo?
-Pues no.
-No ha salido en ningún sitio.
-Mujer, igual se le ha pasado.
-Puede. ¿Pero verdad que se ha enterado de quién es el campeón del mundo masculino? El fútbol femenino se merece un espacio.
-No, porque no me gano la vida con esto. Soy profesora de Educación Física. Aún hay gente que lo llama la profe de gimnasia... ¡qué horror! Lo otro es un hobby que espero que algún día sea algo más.
-Pero es una de las pocas mujeres que tiene el título de entrenador nacional, ¿no?
-Quizá seamos siete en Catalunya. Es un título que te permite entrenar a equipos de todas las categorías. Yo llevo la selección catalana sub-18 de fútbol femenino, pero de eso no puedo vivir.
-¿Por qué?
-Aquí el fútbol no deja de ser una cosa de hombres. Quizá en Estados Unidos y Alemania podría vivir de entrenar porque tienen otra mentalidad. Aquí hay que picar mucha piedra. Es un mundo muy, muy masculino.
-En teoría podría entrenar un equipo masculino de primera división.
-Sí, pero eso ni me lo planteo.-
¿Por qué? ¿No está preparada?
-Me queda mucho por aprender. El hecho de que tengas el título de entrenador nacional no te lleva automáticamente a la primera división. Hay técnicos hombres muy cualificados que tampoco llegarán a primera. El fútbol mueve mucho dinero, hay que tener contactos, influencias... Es una cuestión de poder.
-¿Se imagina el día en que una mujer entrene al Barça?
-No. Para eso hay que ser hombre.
Delegada de la igualdad y la mujer
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Lluis Muntadas, 5
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-Lo tiene muy claro.
-Es por la cultura. No sé cómo explicarlo, pero nunca habrá una mujer entrenando en primera división.
-¿No es frustrante?
-A veces pienso por qué he invertido tantos años en formarme, pero llega un momento en que no le doy más vueltas. No tiraré la toalla, pero lo tengo asumido. Estoy muy contenta con la selección sub-18, pero más allá hay una pared. En la superliga, que es la máxima división del fútbol femenino, creo que solo hay una mujer entrenadora o ninguna.
-Le dirán que son pocas.
-Nos hemos comenzado a formar tarde, porque de niñas jugar a fútbol era tabú. Cada vez somos más, pero por ser chica te clasifican automáticamente para equipos femeninos.
-¿En la superliga sí podremos ver más mujeres entrenadoras?
-Es cuestión de años, pero sí.
-¿Alguna vez ha tenido problemas en el campo?
-Problemas no. Cuando llevaba un equipo masculino, el Europa infantil, tenía como segundo entrenador a un chico en prácticas y, en los partidos, el árbitro siempre le daba la mano a él. Yo decía: «¡Eh, la entrenadora soy yo!» Les choca, pero también te felicitan después del partido.
-Ni le pregunto quién es su ídolo como entrenador.
-Guardiola, claro, aunque el modelo que más me gusta, no la persona, es el de Mourinho. Me atrae su método de planificar los entrenamientos según la táctica y el modelo de juego que quiere utilizar para su equipo.
-¿Son comparables el fútbol masculino y el femenino?
-Las cualidades físicas son distintas y compararlos como si fueran iguales es un error. El ritmo de juego es diferente: nosotras no tenemos tanta fuerza, no hay tantos desplazamientos en largo y cambios de orientación, pero se hace más juego en corto, más posesión de pelota. Es otro estilo igual de válido.
-¿Pero igual de emocionante?
-Vaya a ver un Espanyol-Rayo Vallecano y ya me contará.
-Con lo que se habla de fútbol, y el fútbol femenino es un desconocido.
-El no salir en los medios complica las cosas. Si no sale en los medios, no viene gente y si no viene gente no hay patrocinadores... Me da rabia abrir el periódico y ver 50.000 páginas de fútbol y la noticia de un equipo femenino que ha quedado campeón del mundo en un recuadrito.
-Ya.
-¿Sabía que la selección sub-17 femenina estatal es campeona de Europa y tercera del mundo?
-Pues no.
-No ha salido en ningún sitio.
-Mujer, igual se le ha pasado.
-Puede. ¿Pero verdad que se ha enterado de quién es el campeón del mundo masculino? El fútbol femenino se merece un espacio.
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