Náusea. Esa es la sensación que provocan sentencias como la de la Sala de lo Penal del Tribunal Superior de Justicia de Madrid, la misma que tramita el caso Gürtel, que no ve ensañamiento en los 37 navajazos asestados por un hombre a su pareja, que falleció en el 2007. La reflexión interior de los magistrados favorables (dos) a este fallo –el único contrario, José Manuel Suárez Robledano, también discrepó del archivo de las grabaciones de los acusados del caso Gürtel con sus abogados en prisión– podría encajar en La náusea u otras obras de Jean-Paul Sartre. La visión oscura de la vida, el valor de la existencia, la importancia de los actos, la responsabilidad individual sobre ellos.
Pero la náusea del inicio del texto está más apegada a la piel, por ejemplo, de la última víctima mortal de la violencia machista. Una mujer que, el pasado día 7, simbolizó dos hechos graves, ante los que la justicia debería actuar con firmeza y finezza . En Fuente el Saz del Jarama (Madrid) quedó constancia de: las mujeres aún mueren por el hecho de ser mujeres. Y: este año escribimos la cifra 14, en el lugar en el que el pasado pusimos 8. El 2010 cerró balance de sangre al alza, con 73 féminas asesinadas. La violencia machista no acaba con la muerte de la víctima.
ASÍ QUE está permitido tener mal cuerpo al saber que la sentencia citada descarta que el homicida causara «sufrimiento innecesario» a la víctima. Tras el pertinente razonamiento, jurídico, la sala pasa a reducir de 17 años a 12 la pena de cárcel impuesta por un jurado popular.
El Código Penal, que es un texto elaborado y pactado por personas y para aplicar a las conductas de personas, establece que, para que haya ensañamiento, ha de haber, de forma inhumana y deliberada, un mayor dolor del que fuera necesario para matar. Si todavía están ahí, sigo. El homicida no solo la acuchilló 37 veces, también le provocó luxación de codo, contusión fuerte en el mentón con perforación del labio superior por la dentadura, contusión en el occipital izquierdo y otros cortes y heridas. No consta en la revisión de la sentencia si todas estas agresiones se hicieron con o sin saña. Cuestionar el pronunciamiento desde el punto de vista jurídico corresponde a especialistas como José Manuel Suárez Robledano. En su intento –se les supone– de ajustarse lo máximo a la ley, sus señorías se blindan con jurisprudencia del Supremo.
Pero la justicia debería tener mucho de bálsamo reparador para la víctima, incluso muerta, y sus allegados. También los símbolos están en la esencia de la justicia y han formado parte de ella. Tras las situaciones de violencia, siempre maridan conceptos como reconciliación y justicia. En este caso, hay dificultad. Ya que dejar a tres menores, entre 5 y 15 años, sin madre no parece constituir un agravante, es injusto condenar a estos, además, a sumergirse en una pesadilla sobre cuántos navajazos fueron fatales y cuántos no, así como cuánto dolor quería infligir el homicida. En realidad, sobre estos puntos se dirimió el fallo truculento. Para los profanos, un mareo. A los hijos les resultará difícil reconciliarse con una sociedad que asumió 37 puñaladas más y se entretuvo en filigranas jurídicas, cuyo resultado fue menos cárcel. Cada uno elige su moral.
La Real Academia define así ensañarse: deleitarse en causar el mayor daño y dolor posibles a quien ya no está en condiciones de defenderse. No sé qué dicen los legajos, pero los expertos en maltrato saben que la mujer hacía tiempo que no estaba en condiciones de defenderse y que el ensañamiento era parte de su vida. Por eso murió.
Los juicios por violencia machista pasan sin pena ni gloria. En cambio, cuando estalla es un cebo de primera para las audiencias. Así lo relata, con formas extremas, la obra de teatro El rap de Lady M. El voto popular exculpa a Lady M del asesinato de su maltratador.
Un jurado popular tachó de asesino al que luego los togados de Madrid consideraron solo homicida. Dar ejemplo es siempre difícil.
Delegada de la igualdad y la mujer
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Cornella de Llobregat (Barcelona)
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