14 de marzo de 2011

Apúntate al 'efecto llamada'

DEFENSORA DE LA IGUALDAD
Ellas. Deben estar ahí para que las mujeres las vean y piensen que pueden ser como ellas. Se las cita por su nombre y apellido. Hablar de ellas es acabar con el anonimato al que se condena a la mujeres.
La expresión efecto llamada, que tantos pelos de punta pone cuando la manejan los tribunos, adquirió tintes optimistas y peso de reflexión el Día Internacional de la Mujer. Marta Martí, mujer, empresaria y joven, se remitió a las cifras de la Associació Independent de Joves Empresaris de Catalunya, para comunicar un hecho que, en general, se conoce y se esconde. Desde que ella preside la organización, marzo del 2010, el 65% de las personas afiliadas a esta son mujeres. El efecto llamada, dijo, y así es.


La cara, el nombre y el cargo son importantes para el avance de las mujeres. Para salir del anonimato. Cuando los organismos de cualquier lugar, las administraciones, las asociaciones se refieren a las féminas lo hacen en su conjunto, las apellidan por cifras, por necesidades, por injusticias. A los hombres, en menor medida, también. Pero tienen su contrapartida. Revisen la lista de Forbes.
Todas forman parte de un colectivo. Son mayoría en el mundo, pero trascienden a la sociedad como colectivo. Las maltratadas, las pobres, las madres de familia agobiadas, las separadas, las viudas. El avatar de una es el de todas. Y, en ese juntar y meter a todas en el mismo saco, se pierde el nombre propio, la personalidad, el «si ella pudo, yo también podré».
La reivindicación de la voz pasa por ese nombre y apellido robados. Son las doctoras, las ingenieras y las economistas sentado cátedra. De su reconocimiento público surgirán otras al descubrir que el segundo plano no es obligatorio. Bombera o enóloga destacará del grupo y llenará los ángulos muertos.
La actual fluidez de la comunicación facilita que las mujeres puedan vivir otras feminidades muy distintas a las suyas y que, incluso, puedan reconstruir la imagen en la que se reflejaban. En general, para hombres y mujeres, el prototipo y los valores que exhibe tienden a ser más parecidos al de la circonita que al del diamante Hope.
La visibilidad es un argumento central para situar a las mujeres en el espacio público que les es propio. Es uno de los motivos por los que la discutida conmemoración del Día Internacional de la Mujer es necesaria. Vemos cifras, situaciones generales injustas, quejas. Imágenes que construyen un mundo. Imágenes que hay que cambiar.
En su libro Mujeres (ad)miradas y mujeres que miran, Hélice McPhail Fanger cita a un experto para advertir: «La vista llega antes que las palabras. Los niños en la infancia miran antes de articular palabra. Y es que la vista establece nuestro lugar en el mundo circundante». Cuando una mujer levanta la mirada es conveniente que vea a la académica Ana María Matute, con su premio Cervantes, y a Elena Salgado, entre los supertacañones del G-20. Sus rostros y figuras en lugares destacados de la política y de la finanzas calan en los deseos de futuro de las más jóvenes. Reafirman el rechazo a aparecer como víctimas, atribuyen a la mujer la cualidad de la ambición y ajustan la fotografía de las féminas a su realidad plural. Son líderes en sus países y en sus profesiones, como la primera mujer africana en ganar un Nobel de la Paz, Wangari Maathai, la opositora birmana Aung San Suu Kyi, la deportista Venus Williams. ¿De cuántas otras han tirado?
LA IDENTIDAD y la dignidad de la mujer se construyen especialmente sobre mensajes positivos, siguiendo los puntos hasta completar el perfil. Pero el pasado martes no se vieron ni en la televisión ni en la prensa muchos rostros como los de Mary Shapiro, presidenta de la Comisión de Valores de EEUU (SECI), o de Maria Bashir, fiscal general de la provincia afgana de Herat, la primera mujer que asume tal cargo en ese país. Esta última figura en la lista de 10 mujeres que la secretaria de Estado de EEUU, Hillary Clinton, premió por su coraje el día 8.
En su labor, todas son decisivas en sus países. Pero ese día, otra vez, nos escatimaron nombres propios. Vimos a mujeres de medio mundo en la calle, con pancartas, clamando contra los obstáculos específicos de cada rincón del planeta. A todas las unía un término maldito, desigualdad. Y un deseo: tener apellido y dejar de aparecer siempre como ese colectivo que...
La propagación del efecto llamada también es básico para alcanzar la igualdad.

Delegada de la igualdad y la mujer
SIEMENS, S.A. Oficina Regional Barcelona
Lluis Muntadas, 5
Cornella de Llobregat (Barcelona)


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