Muere Josefina Aldecoa, autora de ‘Historia de una maestra’
La escritora adoptó el apellido de su marido, a la muerte de este, como homenaje
Fue una de las impulsoras de las ideas de la Institución Libre de Enseñanza
Hace poco más de una semana, el pasado 8 de marzo, significativamente Día Internacional de la Mujer, la escritora y pedagoga Josefina Aldecoa, autora de Historia de una maestra , cumplió 85 años y fue reconocida con una de las medallas a la promoción de los valores de la igualdad, por la que tanto llegó a luchar, entregadas por el presidente Zapatero. Su quebrantada salud no le permitió recogerla personalmente y ayer murió en su casa próxima a Santander. Sus restos mortales serán hoy incinerados en esa ciudad.
Hija y nieta de maestras, nació en La Robla, León, en 1926, como Josefina Rodríguez. Toda su vida compatibilizó la enseñanza con la escritura. El Aldecoa lo adoptó en los años 80, cuando decidió regresar a su antigua y suspendida vocación literaria, como una forma de homenajear a su marido, el malogrado escritor realista Ignacio Aldecoa, que había fallecido en 1969, víctima de un infarto. La autora no volvió a casarse.
Josefina e Ignacio se conocieron en la tertulia del mítico Café Gijón, punto de encuentro de escritores de todas las edades, desde Camilo José Cela y Buero Vallejo hasta la gente de su generación, la de los 50, como Carmen Martín Gaite o Sánchez Ferlosio. Eran los tiempos «claustrofóbicos» del franquismo – así lo contó en una entrevista a este periódico–, «la generación de la berza», como los llamaron los catalanes Barral, Gil de Biedma y Ferrater, mirándolos graciosamente por encima del hombro. «Los catalanes eran mucho más ilustrados que nosotros», solía reconocer con modestia.
La mujer que en 1959 fundó la escuela Estilo de Madrid, que tomó como modelo la Institución Libre de Enseñanza, llevaba a sus espaldas una educación progresista, un doctorado en Pedagogía y una querencia anglosajona que la convertía en una rara avis entre los intelectuales del momento, de vocación esencialmente francófila. Por placer, llegó a traducir a Faulkner, Hemingway y Dos Passos y ya más profesionalmente fue la primera que trasladó a Truman Capote al castellano, un cuento publicado en Revista Española.
La traducción le hizo tomar conciencia de su voluntad narradora que ya había cultivado cuando tenía poco más de 20 años. Pero no por ello abandonó una vocación pedagógica que ha visto cómo en su escuela se han formado los hijos de familias de tanta enjundia cultural como los Casariego, los Bardem o los Berlanga. Su única hija, Susana, sigue los pasos de su madre al frente de la institución.
CRÍTICA / «Salvo en las bolsas de pobreza, un niño de hoy es alguien cuidado, bien atendido y mimado. A estos niños felices y aburridos se les exige muy poco. Pero es verdad que somos víctimas del tiempo en el que nacemos. A nosotros nos tocó luchar por la cultura y a ellos tenerlo todo al alcance de una tecla de ordenador», se quejaba. Estas reflexiones nacidas de su trabajo propiciaron en 1990 el mayor de sus éxitos como escritora, Historia de una maestra , una novela en la que recuperó los recuerdos de su madre. «Parecía algo hecho a contracorriente de las modas, pero pegó más de lo que yo haya escrito nunca», dijo. También fijó los temas que más le han interesado, la plasmación cuidadosa del pasado y la reivindicación de la historia desde el prisma femenino. Los niños de la guerra , Mujeres de negro , La fuerza del destino , el libro de relatos Fiebre y el ensayo Confesiones de una abuela forman parte de su obra.
Su gran amiga, la escritora Soledad Puértolas, visiblemente afectada por su muerte, la definió ayer como «una mujer muy completa, muy batalladora y elegante, a la que jamás oías una queja». Según la académica, fue «la gran retratista de su generación, pero con un estilo nada costumbrista y muy moderno, realizado como a pequeñas pinceladas, como un cuadro impresionista».
Delegada de la igualdad y la mujer
SIEMENS, S.A. Oficina Regional Barcelona
Lluis Muntadas, 5
Cornella de Llobregat (Barcelona)
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