16 de septiembre de 2012

La hora de la igualdad

Así se titula un documento elaborado por la Comisión Económica para América Latina en 2010, “La hora de la igualdad”. Sus observaciones acerca de las políticas sociales aplicadas en el subcontinente durante la crisis financiera demuestran que las medidas contracíclicas son las más efectivas si pensamos en el costo social. Por su parte, el precio que paga la sociedad en Estados Unidos y Europa es el más grave y el más difícil de solucionar.
Las crisis financieras han tenido efectos devastadores a lo largo y ancho de todo el globo. Cada región respondió de distinta manera ante los cimbronazos económicos y financieros de las últimas décadas.
América Latina fue un ejemplo de las políticas pensadas con función social. Los resultados de las medidas aplicadas durante la década del ‘90 y la implantación de políticas neoliberales dejaron a la mayor parte de los países de la región en una situación similar. Achicamiento del Estado, privatizaciones, desempleo, crisis estructural y altísimos niveles de pobreza e indigencia fueron las consecuencias comunes. Frente a este panorama, la decisión fue aplicar fuertes políticas sociales que inyectaran dinero en la economía con el objetivo de fomentar el consumo y reactivar la producción. El resultado fue sortear la crisis sin trasladar el costo a la sociedad; más allá de que el comercio internacional se resintió en todo el planeta. 

Diversos economistas han planteado la necesidad de que Europa aplique políticas similares a las de América Latina; puntualmente, al estilo de nuestro país. Así lo han afirmado premios Nobel de Economía como Joseph Stiglitz y Paul Krugman). Hace algunas semanas, en una visita a la Argentina, Stiglitz explicó: “los países de Europa no aprendieron de Argentina. Y el resultado fue que, para enfrentar la crisis, aplicaron un conjunto de políticas que empeoraron las cosas rápidamente”.
La economía norteamericana tampoco no escapa a los efectos de la crisis que surgió en su sistema. El Presidente Barak Obama no ha podido resolver los problemas que llegaron a afectar de manera estructural a la sociedad de su país. Hoy en día, hay menos igualdad de oportunidades en Estados Unidos que en Europa; y sus niveles de desigualdad son más altos que los de cualquiera de los países avanzados, con el agravante de que no ha dejado de crecer.
Más allá de la importancia moral y ética que supone la igualdad, es importante conocer todas las consecuencias que afectan a una sociedad desigual.
Según la Comisión Económica para América Latina (CEPAL), una mayor igualdad en materia de derechos, oportunidades y bienestar promueve un mayor sentido de pertenencia a la sociedad y una mayor cohesión social. Sin esta última, es muy difícil que una comunidad y un país puedan enfrentar los desafíos de un mundo más competitivo y complejo.
Cuando aumenta la brecha de expectativas, también se incrementa la conflictividad social. Eso erosiona la legitimidad de los gobiernos y amenaza la sostenibilidad del crecimiento.
En el largo plazo, hay un círculo virtuoso entre menores brechas sociales, menores brechas de productividad y un crecimiento más dinámico y sostenido.
Joseph Stiglitz opina que la economía norteamericana está pagando un alto precio por sus niveles de desigualdad social; y toda la sociedad también está sufriendo ese costo. La Comisión de Expertos de Naciones Unidas, dedicada a estudiar las reformas del sistema monetario y financiero internacional y a investigar las causas de la crisis financiera, y el Fondo Monetario Internacional han advertido que la desigualdad conduce inevitablemente a la inestabilidad económica.
Pero además, según plantea Stiglitz, la desigualdad en EEUU está corroyendo sus valores y su identidad, ya que no puede considerarse la tierra de oportunidades que fue alguna vez.
Los economistas no logran explicar los motivos del crecimiento de las desigualdades en Estados Unidos. Entre las causas identificadas señalan a la globalización, por crear un mercado laboral mundial que perjudica a los obreros no calificados del país frente a los peor pagados de otros países. Y por haber contribuido a la reducción del papel de los sindicatos, que alguna vez representaron a un tercio de los obreros y que ahora incluyen sólo al 12%.
España vive un proceso similar. Pero no se repite en el resto de Europa, cuyos niveles de desigualdad se han mantenido relativamente estables.
La brecha económica española no ha parado de crecer desde que se inició la crisis financiera, aunque el salto más abrupto se dio en 2010. Los altos niveles de desocupación, la disminución de los salarios y el fin de algunas prestaciones han conducido a lo que se ha dado en llamar la “factura desigual de la crisis”.
Recientemente, el presidente español Mariano Rajoy decidió aumentar el Impuesto al Valor Agregado (IVA), lo que contribuye a acrecentar las desigualdades pues se trata del impuesto más regresivo socialmente. En sus propias palabras, “la subida del IVA es un sacrificio que llega en un momento muy complicado”.
Como puede observarse, no hay una relación directa entre riqueza e igualdad. La “teoría del derrame” y el mercado autorregulado han demostrado ser mitos. Y el papel del Estado aparece como algo fundamental en el rescate de las instituciones financieras, bancos y empresas. Y también en el trazado del camino más importante que recorre una sociedad: el camino hacia la igualdad de oportunidades.
Si el efecto de la crisis fuese sólo una recesión económica, distinta sería la situación y distintos los métodos para resolverla. Pero sabemos que es un problema mucho más profundo. Comprendemos que lo que se quebró fue el funcionamiento del sistema capitalista financiero. Y entendemos que las consecuencias son sociales, que empujan a millones de personas a la pobreza y generan falta de oportunidades para la movilidad social, enriqueciendo aún más a los sectores más poderosos. Los Estados deben ser más que instituciones de rescate para los mercados. Deben rescatar a la sociedad, ya que responden ante ella.
Tal como manifestó Joseph Stiglitz en su última visita a nuestro país: “Argentina mostró que no fue fácil pero que es posible responder a la crisis. Que si se gestiona este proceso bien, la economía tiene posibilidades de seguir adelante”.
“No hay una asociación perfecta entre la desigualdad de ingresos y el nivel de riqueza de un país. La desigualdad no es una cosa sólo de países pobres”
Alfonso Novales

No hay comentarios:

Publicar un comentario