Los genes libertarios de la ministra de Defensa
Carme Chacón guarda silencio sobre sus intenciones para relevar a José Luis Rodríguez Zapatero como cabeza de cartel socialista para el 2012. Frente a las especulaciones sobre un pulso con Alfredo Pérez Rubalcaba, la ministra se muestra impávida. El hormigueo va por dentro. Es lo que se intuye desde fuera, viéndola en los telediarios pendiente de Libia rodeada de militares esta semana, o revisando la hemeroteca de la última década, cuando se ha consolidado esta catalana de Esplugues de Llobregat que en los inicios se presentaba como una mujer «hiperresponsable» que nunca se saldría del guion. Y ese guion, su propia biografía, conduce hacia un destino: el de ser algún día Carme, la Elegida. De momento, controla las emociones y administra las palabras.
La hija del bombero Jesús Baltasar Chacón y la abogada Esther Piqueras fue educada como «una superviviente». El retrato surge de sus discursos, confidencias y encuentros con la prensa. Destacan unas sólidas raíces familiares. De los abuelos libertarios a las entrañas de sus progenitores. De las monjas del barrio de Sants a los cachorros del PSC del Baix Llobregat. Criada en buenas barricas. Si fuera un vino sería un riesling procedente de uvas congeladas. Dulce, densa. Lo bebes con placer pero corres el peligro de emborracharte sin darte cuenta. Dulzura y riesgo: una sonrisa embutida en un uniforme.
Su madre le decía que todo le sería más difícil por ser mujer, según explicó la hoy ministra de Defensa a Núria Navarro en su primera entrevista con EL PERIÓDICO (3 de enero del 2003). En el verano de ese mismo año, ante Pau Arenós, insistía en la médula familiar: «Mi madre me ha educado como una superviviente. Me ha dejado muy claro que mi vida, por ser mujer y de izquierdas, sería mucho más dura que la de un hombre, y mucho más que la de un hombre de derechas. Eso me ha hecho racional, luchadora y apasionada».
Superviviente desde el primer llanto. Aquel 11 de marzo de 1971, los médicos la dieron por perdida a causa de un problema cardiaco. Derrotó al diagnóstico y le pusieron Carme a los dos días.
Quienes conocen bien a Chacón advierten de la fuerte influencia de Esther Piqueras en su primogénita. Hija de un compañero de Buenaventura Durruti, responsable de los servicios jurídicos del Ayuntamiento de L'Hospitalet, convenció a Carme para que se afiliase a los 18 años al PSC. Y es la que probablemente escribió en algún sitio ese guion del que al parecer nunca se sale su hija. La niña Chacón quería ser cirujana de mayor, influida quizá por los recuerdos de las visitas al hospital. La adoración que sentía por su padre no la confundió, nunca quiso ser bombera, aunque acabó estudiando Derecho y metiéndose en política. La memoria rescata de la infancia aquellas noches de Reyes en el cuartel central de los bomberos de la calle de Provença, cuando el jefe de guardia (el padre de las hermanas Chacón, Carme y Mireia) ordenaba que sonasen las sirenas anunciando el reparto de juguetes desde los camiones.
Las sirenas volvieron a sonar en el 2008, cuando el Gobierno de Zapatero aprobó el decreto para la jubilación anticipada de los bomberos profesionales de toda España con unas ventajosas condiciones económicas. A esa ley se acogió el padre de Carme Chacón. El día de su última guardia, la recién nombrada ministra de Defensa se presentó por sorpresa. El duelo se tradujo en fiesta.
Otro capítulo curioso entre mangueras y sirenas es el que sitúa a la esposa del bombero Chacón como representante y portavoz del colectivo en un largo conflicto laboral. Los jefes de guardia se rebelaron contra el ayuntamiento que pretendía cambiarles los horarios y la abogada Piqueras encauzó el problema.
El flashback nos devuelve a las tardes de la niña Carme Chacón oyendo los relatos de su abuelo, Francisco Piqueras, sobre la revolución anarquista que vivió Barcelona el 19 de julio de 1936 y que ahogó al golpe militar. También debió de escuchar al abuelo contar su participación en la Columna Durruti, su lucha clandestina y el trato inhumano que recibió en los campos de concentración franceses y en los batallones disciplinarios españoles. Las sobremesas en casa de los abuelos maternos, en el barrio de Sants, debían de ser animadas. Aquel líder de la CNT escribió hasta su muerte libros de política y memorias que él mismo editaba.
Nada se sabe de la intensidad de los dabates entre el abuelo y la madre de Carme Chacón, pero el abuelo Piqueras no escondía su escozor por la falta de sintonía política entre las dos generaciones. «Quizá por un exceso de celo, lo hemos pagado caro, ya que la inmensa mayoría de nuestros hijos nos han salido de diferente pensamiento al nuestro, casi todo lo ven mal, diciéndonos que se nos ha parado el reloj, o que siempre les contamos batallitas», se lamenta en el libro ¿Somos humanos? Su diagnóstico: «Los trabajadores de ayer hoy se creen pequeños burgueses». Tenía entonces 81 años.
Por aquel entonces, el abuelo ya llevaba varios años dando cuenta puntual a sus amigos de la colonia Castells -donde él había vivido de joven- de los pasos de su nieta, a la que llamaba «la nena», recuerda Salvador Prieto, amigo suyo durante casi 70 años. Ahora «la nena se ha ido a estudiar a Canadá», contaba el abuelo un día. Ahora a «la nena se la ha llevado Zapatero a Madrid» , explicaba años más tarde. «Decía con mucho orgullo que su nieta era muy lista, que quería cambiar las cosas, pero que él, anarquista, obviamente no podía votarla», recordaba el pasado miércoles con humor Prieto.
La hermana Piedad se deshace en elogios cuando habla de esa chiquilla que un día apareció en la clase de primero. Era una alumna más, es cierto, del colegio Josep Tous, la escuela concertada regida por las Hermanas Capuchinas de la Madre del Divino Pastor, a la que asistió la ministra Chacón desde primero hasta octavo de EGB.
Las chicas del Tous vestían un pichi de cuadros escoceses en tonos rojos, verdes y amarillos y blusa blanca abotonada. Los zapatos eran marrones, igual que los calcetines. «Solo llevábamos calcetines blancos en las grandes ocasiones. En invierno, encima del pichi vestíamos un jersey de punto fino verde, tipo rebeca. El abrigo también era verde con capucha, tipo trenca. La bata era blanca con rayas rojas verticales abotonada por delante, sin cuello», recuerda una alumna de la época.
La pequeña Carme vestía así y lo único que la diferenciaba del resto era ser la nueva de la clase. Muchas de las niñas habían compartido guardería en ese mismo colegio. Aun así, explica la hermana Piedad, «se integró» muy rápido a la filosofía del colegio y a la dinámica de la clase de la que la hermana era la tutora: «Era inquieta, inteligente, muy trabajadora, pero también juguetona. Una niña alegre, despierta y muy atenta. Sacaba muy buenas notas».
Tras el nacimiento de Mireia, la hermana de la ministra, la familia Chacón Piqueras se trasladó a Barcelona y alquiló un piso en Les Corts. Explica la hermana Piedad que ese fue el primer curso que ella impartió y que, quizá por eso, intentaba aplicar al máximo la filosofía del colegio: «Respetar la personalidad de las niñas con una pedagogía activa y responsable y un perfil cristiano».
La hermana Piedad recuerda cómo Carme llegaba siempre muy puntual de la mano de su madre o de su abuela. En poco tiempo, la pequeña pasaría a formar parte del equipo de básquet de la escuela con el que ganaría varios premios. «Yo solo la tuve un año, pero luego la veía que jugaba a básquet en el patio. Era alero, creo, no me acuerdo muy bien».
En la memoria de la ministra Chacón siempre hay referencias a este colegio. Ella cursó el BUP y el COU en Esplugues -sus padres cambiaron de nuevo de domicilio-, pero cuando recuerda sus años de clase son estas monjas con un colegio en el barrio de Sants las que ocupan su memoria. Y de aquella época, Chacón conserva la imagen de una de las monjas telefoneando a casa para advertirles de que la niña hacía preguntas «muy extrañas» . ¿Por ejemplo? «Qué era ser una mujer de poca virtud. La Santísima Trinidad nunca la entendí», contó a este diario hace ocho años.
«Sé que sigue teniendo relación con algunasexalumnas. A mí me llamó justo después de que la nombraran ministra de Vivienda. Quería saludarme y me hizo mucha ilusión. Su madre me llamó el curso pasado». ¿Se imaginaba que podría ser presidenta? Se ríe. «No lo sé. Nunca me imagino qué harán. La verdad es que nunca lo había pensado».
La orla de la facultad de Derecho de la Universitat de Barcelona de la promoción de 1994 descubre el rostro serio, aún casi adolescente,
La promoción 1989-1994 de la facultad de Derecho de la Universitat de Barcelona es casi un ejército de mujeres y muchos menos hombres entre los que destaca con media sonrisa y corbata negra Carmen María Chacón Piqueras. Un antiguo compañero de curso descubre que para la fotografía de la orla Chacón tuvo un gesto coqueto y se quitó las gafas.
Los del 94 describen a una alumna aventajada, que no se perdía una sola clase y que cogía los mejores apuntes de todos. Chacón, entonces con cuatro años de militancia en las juventudes del PSC, apenas se dejó ver por el bar de la facultad. Unos años después explicaba que si no iba de discotecas no era «culpa» de la política, sino de sí misma. «Me he perdido lo que me he querido perder», puntalizaba. Del pupitre de Barcelona pasó al entarimado de Girona. Entre 1994 y el 2000 impartió clases de Derecho Constitucional. En la UdG se la recuerda como la primera profesora que llevó escolta.
Delegada de la igualdad y la mujer
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Cornella de Llobregat (Barcelona)
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